lunes, 19 de octubre de 2026

 El día gris con el que comenzaba la semana se hacía cuesta arriba, llegaba hasta lo hondo del corazón. Y allí, el lunes, el día que iniciaba la semana, hacía un agujero innoble hasta dejarlo chafado para toda la semana. El corazón se debatía entre acudir humildemente hacia otros corazones o perseverar en la soledad de un hombre solo, distante y desmedido como todos los hombres. Acertó el corazón haciéndose más duro y porfiando en tapar ese agujero con una maldita soledad preventiva. Era navidad. Nadie se fiaba de nadie. Y en el centro comercial las luces confundían la fiesta con el malestar común. Un hombre llamado Manolo acariciaba su porra. Y creo que eso era todo.

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