Me canso de decir padrenuestros a diestro y siniestro. Me tengo que duchar y afeitar. Hoy hay paella de la que hice el jueves. No está la cosa para reírse, está para temer lo peor. La pena viene del fondo de la casa y se instala en medio de la calle, al lado de una farola que no da luz porque es de día. El día me asusta, me llena de un temor sin bandera. Acudo a la mañana y la mañana se ríe de mí y de mi fragilidad de hijo. Hay gente que solo ha dormido tres horas, que ayer estuvo no sé dónde. Hoy está nublado, no corre viento, está la atmósfera esperando a que algo de mí se muera. Fumo un cigarro, veo el marco de la ventana, oigo a los vecinos, como una magdalena tibia como un rosa y me dan ganas de meterme otra vez en la cama.
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