No está la cosa para risa y yo lo noto. Bebo agua para diluir un poco la pena en mi sangre que fluye tibia. Los motoristas ya han asaltado felizmente la carretera. Van despacio en sus motos, disfrutando del paisaje, sin tener a nadie de quién acordarse. Las curvas acogen el corazón de esos que van con las manos apoyadas en el manillar. Torrelodones es un pueblo tranquilo, amigable, en el que las gentes salen a pasar un buen rato los domingos por la mañana. Se nota cuando un pueblo vive junto y acompasado. No como Majadahonda donde la calle es todo guerra, donde la calle divide las diferencias de edad, de raza y de la fama que tengas. Las motos rugen, el domingo asusta, el padre está triste en su residencia.
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