Era navidad. Un día entre eventos navideños. Manolo se puso a la tarea diaria en un centro comercial. Trabajaba en la seguridad. Se dio cuenta de que un chaval robaba en una tienda. Le llamó aparte y le dijo que devolviera lo que se había metido entre el abrigo. El chaval no parecía del barrio. Manolo le fue reduciendo el espacio al chaval hasta arrinconarle entre dos tiendas. Devuélvelo y no te pasará nada, decía Manolo. Y el chaval insistía en que no había hecho nada pero no se desabrochaba el abrigo. Manolo se dio cuenta de que el chaval era bisoño, era bastante nuevo en el delito. Presionó al chaval diciéndole que llamaría a la policía. Que la policía actuaría de otro modo, que se pasaría el día entero en comisaría. Hasta que el chaval claudicó y enseñó la mercancía. Y ya no sé qué más pasó. La navidad siguió para Manolo y para el chaval. La navidad venía hecha un asco.
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