Manolo no viaja. A Manolo le gusta dormir todo el tiempo que le queda libre del centro comercial. A veces, le ha sucedido que se levanta de la siesta tan tarde que ya tiene que ir inmediatamente al centro comercial. Un centro comercial da para mucho. Hay de todas las gentes posibles. Es muy democrático un centro comercial. Van los ricos y los pobres. Los cultos y los ignorantes. ¿Quién no ha ido a un centro comercial? Los cultos compran libros al democrático precio de 20 pavos. Los pobres compran perfumes baratos, pan y huevos y un bocadillo de salchichón para merendar. Hay gente que se tira todo el día en el centro comercial para que los niños jueguen. Manolo ha visto todo esto y se asombra de lo variopinto que se vuelve el ser humano en un centro comercial, en su centro comercial
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