martes, 6 de octubre de 2026

Había un niño que, cuando le explicaron, muy someramente, cómo funcionaba el ojo humano, se obsesionó con él y quiso saber más y más sobre el mismo. Y así, estudió todos los órganos y mecanismos que producían la visión en el ser humano. Dibujó él mismo la retina, la córnea, el cristalino, la pupila, el nervio óptico. Llegó, claro, a ser oftalmólogo y siguió estudiando y estudiando. Y soñó con que un ojo humano pudiera ser trasplantado. Se aficionó a la fotografía, que imita al ojo humano. Dio muchas vueltas a la inversión de la imagen que hace el ojo cuando llega al cerebro, como si fuera un espejo. Dibujó tanto el ojo humano, que sus dibujos fueron estudiados tiempo después. Estudió los defectos de los ojos de los ciegos. Fue el Ramón y Cajal del ojo humano. Pero todavía la ciencia no estaba tan desarrollada como para llegar al trasplante. Un ternero nació ciego una vez y este hombre lo intentó pero no salió bien. Se murió con la idea de que algún ciego pudiera ver.


No hay comentarios:

Publicar un comentario