viernes, 16 de octubre de 2026

 La verdad. Qué bonita palabra. Si la verdad se extendiera, a base de conocimiento general, a otros escenarios atenderíamos. No tendríamos que estar pendientes de ver qué decía un político o qué decía otro. No tendríamos que estar sometidos a ningún poder ni a ningún decreto del consejo de ministros. Nos entenderíamos todos en la calle, en la plaza, charlando por la mañana y por la tarde todos unos con otros. Desaparecería la soledad de las gentes. La gente se instruiría, sabría del ingeniero y del maestro y de la ama de casa. Sabría de los niños y de su imaginación poderosa. No habría reyes ni nadie a quién votar. El pueblo entero gobernaría para el pueblo entero. Unas leyes sabias, habladas, sopesadas a la luz de la mañana.

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