Tengo en la mesa como unos 14 libros de poesía. Los voy leyendo de uno en uno, una poesía de cada libro. Y encuentro muchos hallazgos literarios, como yo digo. Muchas expresiones felices en que los poetas han estado lúcidos y excelentes en la manifestación poética. Pero me tengo que concentrar para leerlos, estos libros. Tengo que decirme a mí mismo: voy a leer poesía. Leo una poesía de cada libro, no más. Luego, cojo otro y leo otra poesía. Así hasta completar todos los tomitos de bolsillo que tengo. Lo paso bien. Me despejo de tanta vulgaridad que da la vida, este sol tan fuerte. Porque el sol así manifestado estos días es de lo más vulgar, de lo más detestable. Las poesías refrescan la mente hasta la hora de comer, hasta la hora de merendar, hasta la hora de dormir.
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