martes, 21 de abril de 2026

La enfermera me ha dicho que me adapte al cambio de hora y a esta luminosidad constante de las horas. La realidad es que me tengo que adaptar a la soledad. No solo a mi enfermedad sino también a mi soledad. Porque es eso lo que te enseña esta sociedad. Usan el término eufemístico de independencia, pero es soledad. La independencia es un logro: no necesitas de los demás. El otro puede ser perjudicial. Es mejor no tener amigos que te entorpezcan el día. Y yo, que soy de natural sociable, he de reprimir ese deseo de charlar y de estar con otros. Quizás porque no hay otros. Es una dura realidad. Ayer me saludó el camarero de los montaditos. Me alegré enormemente, pero es solo un saludo, un hola y un adiós. Mi bipolaridad hace que no me adapte bien a esa independencia básica, a esa soledad que no es sonora, que más bien es misteriosa y cutre.

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