La avenida murió en la plaza.
La plaza murió en mi corazón.
Porque no había nadie.
Porque la luz se repetía en la soledad.
Iba yo andando.
E iba muriendo la ciudad que conocía.
Me acerqué a la linde de los bares.
Y no había nada.
La muerte parecía haber vencido al corazoncillo de las golondrinas.
Y saqué de mi paquete un cigarrillo que consumí a la altura de un enorme aparcamiento.
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