jueves, 9 de abril de 2026

 Me acuerdo de algunas cosas de cuando sufrí una depresión profunda en el pueblo. Yo me había empeñado en dar clases a algunos chavales del pueblo. Y dejé esas clases. No podía. Luego estuvo lo del bar: que nos lo cerraron. Y yo estaba como un pelele al albur de las circunstancias. Me tiraba en la acera. No entendía nada. Creía que iba a haber otra guerra civil. Creía que había inflación, que las monedas que depositaban los bebedores en la barra no valían nada. Un día subí a la discoteca y me puse nerviosísimo. La música me salvó un poco. La música de un radio casete en el bar. Cantaba Luz Casal. Las palabras estaban gastadas, no decían nada. Nadie me hacía caso. Yo solo iba a los sitios. Yo no tenía más que pensamientos negativos. Mi madre me daba doble de pastillas. Las noches pasaban sin dormir. Me alegraba el olor a café y el trino de los pájaros porque anunciaban el fin de la tortura de la noche sin dormir. La madrugada nos encontraba a mi madre y a mí en la cocina. Mi madre me miraba con pena. Fue un verano espantoso. En la consulta del médico dije que tenía sida. Estaba delgado y demacrado. Era un guiñapo humano.

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