La parsimonia o lentitud de las once de la mañana. La última maldición del día al amanecer de la semana. Los últimos gritos que se oyen en el metro. Gritos callados, gritos del corazón herido. Quizás el viernes venga a suturar esa herida, la herida dolorosa del maldito madrugón. La vida avanza con y sin gritos. La guerra, los tiranos y los jetas hacen que la existencia sea bastante más dura. Aclárate, dolor de vivir, dime qué hay que hacer para pasar este monte de infeliz trasiego. Los currelas no son políticos. Los currelas no son la casta. Hasta que la vida trascienda a la propia vida, seguiremos atados a la vida.
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