Si tú escribes una poesía (en este caso, un soneto) a la belleza de Flora (nombre ficticio de una mujer real) y luego un soneto sobre la brevedad de la vida y luego, un soneto a una mujer muy delgada y luego un soneto a un tiñoso y luego otro sobre la filosofía estoica; entonces, tú puedes ser un émulo de Quevedo. Pero el soneto ya no se lleva, se llevan los versos sin rima, se llevan los versículos, se lleva hacer el tonto de la poesía en general. Yo también hice versos hasta completar 6 libros de poesía de 60 páginas cada uno. Pero mi poesía no trascenderá. Andan esos libros por aquí almacenados en un armario, en el olvido. Quevedo fue un gran filósofo y católico. Yo soy un poeta del olvido, de la fe, de la razón y de los hombres y mujeres que son buenos en el mundo.
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