Quizás, no lo sé, hay que tener bastante autoridad para despertar a un viejo a las 8 de la mañana y ducharle. Yo veo mujeres en la residencia donde vive mi padre, que hacen un poco de todo. Y estas mujeres deben de tener también mucha humanidad, no actúan como robots. Tratan con seres humanos en el final de sus vidas y este es un punto delicado. Unos ancianos y ancianas se caen y se hacen una herida en la cabeza o en un ojo. Y ya acobardan tras la caída y ya no son los mismos. Otros ancianos han llegado a su vejez de manera muy precaria. Quizás estén bajo la influencia de alguna demencia. Y solo repiten: no. Es todo lo que dicen. Una residencia da para reflexionar mucho, para pensar en la miseria de la vida, del último tramo de la vida.
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