jueves, 23 de abril de 2026

 Han cambiado la hora y han venido unos días demasiado largos y luminosos a mi vida. No sabía cómo pasar el tiempo. Hasta que, por la tarde, he reparado en mis escritos. Son muchos. Los puedo ir leyendo en el ordenador y completarlos con una riada narrativa de mi imaginación. Como los entiendo como una simple distracción no reparo en que estén mal escritos o que lo que cuento suene un poco bizarro. Simplemente, los continúo. Y se me pasa una hora o dos de la tarde, cuando ya no daba dos duros por el paso tan lento del tiempo. Invento personajes que me salen descollantes o demasiado humildes. Invento tramas imposibles. Invento como inventaría un niño con un lapicero. Pero invento. Y se me pasa el tiempo.

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