Lo guardaba en un cajón donde guardo el corazón. Los días van cambiando el talante, lo van haciendo más sumiso a su igualdad, a su sucesión de tiempo, a su testarudez hecha de horas. La mañana abre un sol que dura, que amarga por su insistencia, que aboca al cuerpo a desear otro mundo. Pero todo sigue igual, como dice la canción. Los hombres y mujeres de hoy a veces no saben de comportamientos lícitos y estallan de alguna manera. Rompen la cruz, desvelan sus conciencias de cara al sol y a las nubes. Y se dedican al goce. Y el goce vale mucho dinero y mucho tiempo. Y se lo pueden pagar cuando son famosos. Pero todo tiene un fin. Y el fin quizás puede ser muy doloroso. No sé qué decir hoy así que no me rompo más la cabeza.
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