En redes, hay una canción que dice: que dimita tu puta madre. Deben de dar de comer muy bien en la Moncloa. A los españoles, este gobierno les ha robado. Muchos millones, no uno ni dos. Y hay caja B. Y hay ladrones por todos los sitios. Y la gente no se queja, no sale a la calle a protestar de estos hechos delictivos. La izquierda es lo que tiene: que se enguarra y no pasa nada. A mí me da mucha rabia que los de la izquierda ponen el grito en el cielo cuando hay algo de la derecha pero su propia mierda pasa por delante de sus narices y no se tapan ni las mismas. Pues ahí tenemos este gobierno que iba a regenerar la democracia. La ha puesto pringando. La ha pisoteado. La ha enfangado, esos que hablaban del fango. Pero, ya digo, nadie protesta aunque nos hayan robado impunemente para putas y fiestas. Para putas y fiestas.
viernes, 31 de octubre de 2025
La llanura del mar es casi inmensa o nos la imaginamos inmensa, no tiene fin ni en el horizonte. Así pasa con las ideologías mafiosas, que se meten hasta debajo de la alfombra. Pero si esas formas de pensar tan insidiosas van acompañadas de una cleptomanía abrumadora, esas ideologías mueren o van muriendo poniéndole parches penosos que no tapan nada, que lo que van haciendo es enseñar al país a esa mafia con tintes delictivos. El gobierno ha robado a todos los españoles. La gente que proclamaba la abolición de la prostitución como una enseña feminista, no dice nada, calla ante la red de prostitutas de los ladrones. El gobierno está corrupto y nadie sale a las calles a protestar. Es el signo de esta izquierda guarra, putera, ladrona. Todos los que la votaron achantan y callan.
No sé si habrá pasado ya lo woke, eso de poner el sexo y la sexualidad en medio del juego político, unos que se declaraban "fluidos"; otros trans, etcétera. Lo woke ha sido como una especie de peste ideológica que ya parece que va pasando. De hecho, no se ha vuelto a hablar de lo trans ni de lo tránsfobo ni de lo homófobo. Parece que se ha aparcado un poco el tema. Ahora viene el tema de que no hay que sacrificarse profesionalmente, que debe haber más fiesta y más siesta. Que no debemos estar "en modo automático" cumpliendo nuestras obligaciones y sí debemos ir mucho más lentos porque si no, no apreciaremos nuestra vida como tal. Bueno. Todo tiene su término medio y creo que es nuestra obligación buscarlo. La vida es especialmente compleja para que no tratemos de entenderla.
Era diminuto, uno solo pero capaz él solo de provocar una desazón grande. Donde tengo mi descanso apareció y me puso nervioso y casi no puedo dormir. Era uno solo, negro y feo, diminuto. Lo aplasté entre mis dedos pero no supe si había más. Limpié la zona, la di de desinfectante. No encontré ninguno más. Pero él seguía en mi mente, como el presidente. No calla esta voz que va diciendo: el presidente, el presidente. Y así todos los días, se le menciona mil veces. Como la palabra puta dos piedras decían cuando pasaba la Celestina. Así con el presidente, ese apellido constante, esa hez dicha a todas horas del día. Era como ese bichito diminuto que no se sabe de dónde salía. Era Sánchez y Sánchez y Sánchez. Hijo de Sancho. Qué pesadez.
jueves, 30 de octubre de 2025
Cada vez que veo a un anciano en una silla de ruedas, se me cae el alma a los pies pensando cómo se las apañará el cuidador y el anciano mismo para hacer cosas que los demás consideramos normales. Y pienso que esa persona estaría mejor en una residencia, cuando veo a un anciano de estos muy demacrado y postrado. Parece que la vida que llevan es totalmente dependiente de su cuidador y eso me da pena, me pone hasta nervioso cuando veo a una persona en estas condiciones. Algo se activa en mí al contemplar a un individuo de estas características que me pone tenso, alarmado e imaginando un circo cuando vayan al servicio o se levanten de la cama.
Poco ofrece la calle últimamente. En mi barrio hay una plaza, la plaza de Pizarro, que se llena de gente de mal vivir. Se drogan, piden cigarrillos a los transeúntes, son ocupas. En verano amanecen algunos tumbados en un banco. El invierno los dispersa, nadie les ofrece trabajo. Ni ellos pueden trabajar en nada en esas condiciones. A veces, viene la policía y detiene a alguno de ellos. Yo he presenciado una detención. Deambulan por calles adyacentes dando voces y peleándose entre ellos. Se insultan, crispan los nervios de la gente que pasa por allí cuando lían bronca. Pero somos más los que queremos tranquilidad. Debería haber una campaña que los rehabilite para la sociedad, no sé si lo deberían hacer agentes sociales o quien sea, pero me gustaría que la administración les diera una oportunidad. Aunque hicieran solamente bolígrafos, estarían mejor que en la calle, malviviendo.
Cuando un escritor o periodista no sabe de qué escribir, un ente imaginario le dice al oído: escribe, escribe de lo que sea. Escribiré sobre un libro llamado "La regenta", de Clarín, un escritor decimonónico. En este libro es muy importante la catedral de la ciudad sobre la que escribe. En la catedral, hay una serie de personajes eclesiásticos a cada cual más ruin. Pero es que la sociedad de esa ciudad también es mezquina, de difícil trato, cínica. No se salva nadie. La regenta está en un mundo lejano a esa facilidad de ensoñación que tiene ella. Ella sueña con paraísos y Vetusta, la ciudad, le ofrece guiñapos humanos. Y acaba mal la cosa para la regenta, pues su marido muere en un duelo. Y se queda sola y vilipendiada en esa ciudad, esa ciudad en la que un galán y un hombre de iglesia se la han disputado.