Hoy, en Móstoles, ha amanecido igual que en Caños de Meca o Coín. Lo que pasa es que la historia o la historia con mayúscula pasa más por esos pueblos costeros que por ese barrio de Madrid. Me consta que en esos pueblos costeros hay muchos abogados (porque yo los llamaba y me decían que estaban allí), muchos médicos y enfermeros, muchos financieros, muchos profesores universitarios, etcétera. Todos estaban allí menos yo, como la canción de Sabina. Pero da igual. Pues una divina neutralidad anímica, una dejación del sentimiento me rodea el alma como si fuera el rebozado de una merluza. Y no siento nada más que hambre a la hora de comer y sueño a la hora de dormir. Y paseo ya con mi soledad domeñada en un puño, con los pasos lentos del que no tiene prisa, con el agujero en el pecho del que rehúye de amigos falsos y tóxicos.
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