La cosa va así: todo el mundo se va haciendo viejo. Cuando ya eres bastante viejo, te cansas de todo. No te hace ilusión ya nada. Pero hay otros que han elaborado a lo largo de su vida un paladar especialísimo a base de buenas paellas, buenos pescados. Ha podido acceder a ellos, a esos sabores especiales. Y, aunque también lleguen a viejos, no renuncian a ellos. Son estos bastantes peligrosos porque han aprendido en su vida que el dinero da esos sabores únicos y disfrutables. Y, aunque ganen mucho, quieren más. Para no dejar de gustar esos manjares a los que están acostumbrados.
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