Aunque parezca mentira para un mes de agosto, el viento aúlla. Solo de vez en cuando y con poca fuerza, pero aúlla unos metros más allá de mi ventana. Debe de hacer ese sonido en la barrera de los álamos o más allá. Mi vejez será tranquila en todo lo que se pueda. Lo primero es no hacer caso a consejeros a los que no importas una mierda. Hay centros para enfermos mentales que están bien, están muy bien dotados. Me consta porque conozco a una viejecilla en Majadahonda que tiene a su hija en uno. Esos sitios tienen internet, tienen huerta, gimnasio, etcétera. Y, como dijo el doctor, los familiares y los trastos viejos, mejor cuanto más lejos. Y no dejas aire que respirar.
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