Vino la manía y después la depresión. Y el insomnio crónico. Y la psicóloga de las narices. Y un viaje al hospital. Son fechas confusas. La vida se dilucida en tiempos erróneos algunas veces. Me dan mucha envidia aquellos que no tienen que tomar pastillas, ni hacerse analíticas (todo el mundo se hace analíticas), ni ver a un médico cada mes. Estamos Paco y yo medicalizados para todo el rato. En Majadahonda me han pasado todas las aventuras posibles. Se me endurece el cerebro. La vida ha pasado como un tobogán de bajar y subir. De pasarlo realmente mal. El abril del 24 fue especialmente negro. Estar bien tiene un precio muy alto: demasiadas fechas de hospital y médicos e ingresos.
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