Papá, yo quiero montar en una lancha. Pero, hijo, ¿no ves que no somos ricos? Sí somos ricos, papá. Yo quiero montar en una lancha y salir al mar bravío, papá. Si no, lloraré hasta desmayarme. Y luego, en al comida: Pepa, dile al niño que no somos ricos. Pero no le digas que somos pobres porque se traumatizará y llorará más de la cuenta. Hijo, dice Pepa. No somos ricos, ¿lo entiendes? No tenemos dinero para una embarcación. Qué más quisiéramos tu padre y yo. Ir al mar bravío por las costas italianas, ah, qué placer, dice la Pepa. Cómete la ensaladilla, niño. No comeré ni beberé nada hasta que me montes en una lancha. Y dice una tía: solo tiene cinco años. Espérate un poquito más y pedirá la luna el hijo de puta del niño. Tus cabellos dorados parecen el sol.
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