martes, 11 de agosto de 2026

 El abuelo vendió el carro y el nieto se cabreó. El abuelo vendió las tierras y el nieto se volvió a cabrear. Pero luego todo siguió como si nada y el abuelo dispuso de su dinero en el banco. El nieto pensaba que se debería declarar al abuelo tonto, como si no supiera, como si estuviera incapacitado para pensar. Pero no fue así sino que se demostró que el abuelo no era tonto, sí que sabía y no estaba incapacitado para pensar. Y fueron pasando los días, hasta ahora tranquilos, y la vida volvió a ser normal. Y el abuelo reía en un asilo que eligió él mismo, donde le trataban bien. E iban a verle los nietos y los hijos y charlaba con ellos y les daba consejos. Que, como dice el refrán, del viejo, el consejo.

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