El que se alegra de la buena suerte de los demás ha de ser llamado santo. Yo solo escribo lo que dice un santoral que tengo por aquí rodando como una culebrilla triste. Voy a beber agua. Ya he bebido agua. Ahora voy a echar un cigarro. Hoy he visto a un jardinero usar la azada para remover el suelo del que surgían unas rosas. La tierra estaba seca, era arena pura y dura. Seamos felices mientras podamos. Agosto trae distancias ambiguas que nadie entiende. Agosto premia a los audaces, como hace la suerte. Esa biblioteca de Conde Casal estaba cerca del piso donde vivía, no sé en que régimen, la puta fumadora. No sé por qué regalé mi libro. Es que tenía muchos. La farola de mi calle da alas a la noche, para que esta se sonroje de vergüenza. Y los tulipanes ardieron con su color amarillo en las manos del codicioso.
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