viernes, 17 de mayo de 2019

Resulta que vivimos en el Antropoceno. Antropos significa en griego, hombre, humanidad y sería la época del mundo en la que el hombre influyó sobre la Tierra. El Antropoceno empieza en la Revolución Industrial, cuando se empieza a consumir combustible fósil (primero carbón y luego petróleo). El carbón y el petróleo han causado muchos gases de efecto invernadero y ha hecho que la temperatura de los océanos suba. El efecto invernadero causa el calentamiento global de la Tierra y el calentamiento global de la Tierra causa el cambio climático (como estos días de mayo infernales que parece que estuviéramos en julio o esas riadas y lluvias torrenciales que observamos todos los días). Luego, se crean sequías pertinaces que crean incendios, la tierra se seca, no tiene nutrientes, desaparecen especies porque la primavera dura solo tres semanas y no hay saltamontes, ranas, escarabajos. El invento del coche ha sido y será un atraso: crea atascos, desorden, accidentes, locuras al volante, recorridos estúpidos y otras gilipolleces. Parece que el coche eléctrico solucionará la contaminación que mata a miles de personas en todo el mundo pero a lo mejor ya es tarde.
Yo, particularmente no sé que pensar de estos tres días que he pasado en mayo, del 12 al 15. Creo que es un aviso de la naturaleza o de un ente superior que podemos llamar Dios que está harto de la locura de los hombres. La naturaleza avisa, Dios avisa y lo que viene después, si no nos enmendamos y vemos los pecados que cometemos todos los días, será el puto apocalipsis. La Tierra ya está echando fuego por todas partes, la Tierra está harta de nosotros los humanos. Dios debe de estar harto de nosotros también. Ojalá todo tenga un solución en manos de gente sensata que lucha por la vida porque el que luche por la muerte recibirá muerte a cambio. Y luchamos los humanos todos los días por arrojar muerte al planeta y a otros humanos (aborto, guerras, etc.).

La naturaleza es fundamentalmente, vida. El hombre ya es demasiada muerte la que reparte al planeta.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Yo suelo leer los periódicos nacionales por internet por las mañanas por encima y por interés de compararlos. Me hacen mucha gracia los artículos de El País (solo leo uno) porque en esos artículos se dice, por ejemplo: el escritor holandés Fulano de tal ha escrito un libro (aquí un título muy largo) que dice tal y tal y tal. Esos escritores no son conocidos más que en el ambiente de la izquierda más rancia y se citan para tener más razón. A mí me recuerdan a una secta en la que todos leen los libros de los gurús que se inventan las cosas y todos dicen amén.
Todo el mundo (por muy zopenco que se sea) sabe que sitios como Cuba, Corea del Norte, China (aunque esta ha adoptado el sistema capitalista), Venezuela y Nicaragua, donde existen regímenes socialistas o comunistas se han convertido en reinos de unos cuantos que se han repartido la riqueza del país y la gente lo pasa putas. Algunas personas saben que Marx creía que la revolución comunista se iba a dar en Inglaterra por estar industrializada. Algunas personas saben que el comunismo es un falacia que ha conseguido mejoras para el trabajador pero no es un sistema político de éxito. Y el socialismo, más o menos.
Entonces, El País está escrito para una especie de secta que cree que las teorías que defiende la izquierda aún son válidas cuando la historia y los hechos han demostrado que traen la ruina a las naciones. No sé ya qué tiene que pasar para que la gente se desengañe de la izquierda.
Pero la izquierda, como tiene que subsistir de algún modo, coge otras banderas, fundamentalmente la del feminismo, y la agita hasta desfigurarla porque sabe que la defensa del trabajador ya no se defiende desde la izquierda. La izquierda es pura mentira. Se basa en una mentira ya descubierta.
Este tipo de periódicos dicen mentiras como si dijeran a los miembros de su secta que se desnuden en una habitación que va a venir un marciano a llevarlos a Marte.
Y hay gente que aún cree en estas mentiras y porfía en ellas. Pero como los demás sabemos historia y leemos, no nos engañan.

Las mentiras solo gustan a los mentirosos.

La corrección política no es otra cosa que no poder llamar al pan, pan y al vino, vino y no poder dar los datos esclarecedores de un tema. Es un truco de la política para llevar siempre la razón sin decir la verdad ni dejar que otros la digan. Todo se oculta, incluso los desastres, de los que no se puede hablar, y así, todo va igual de mal que siempre pero sin preocupación pues gracias a la corrección política nunca sabremos lo que ha ocurrido.
Ayer por la radio, por medio de un dirigente de Ciudadanos en la Junta de Andalucía, me enteré de que 500.000 andaluces estaban en unas listas de espera para sanidad que realmente eran unas listas de exclusión del sistema sanitario porque la Junta gobernada por el PSOE no daba a basto. Claro, tanta puta y tanto vino y tanto vicio que había que pagar... Pero la corrección política hace que no se pueda hablar de esto y sí del feminismo. Del feminismo hay que estar hablando a todas horas y además, se inventan términos como micromachismos u otros términos ofensivos contra el hombre para que los usemos habitualmente. Decir que si un hombre mata a una mujer por dinero no es violencia de género es tabú. Todo hombre que mate a una mujer es automáticamente violencia de género aunque la haya matado por robarle el bolso. A esos dislates hemos llegado. Ahora, una mujer mata a un hombre con el que convivía y eso no es violencia de género. Se extiende la opinión, el pensamiento y la idea de que el único género que puede ser violado, herido y asesinado es el femenino.
Eso va contra los derechos del ser humano que es igual ante la ley, sea hombre o mujer.
Pero como hay una tendencia claramente histérica a ensalzar lo femenino sobre lo masculino, a decir que las mujeres están sojuzgadas por los hombres, a señalar un patriarcado al que hay que derribar y otras estupideces que se repiten día tras día en los medios de la izquierda más rancia, pues quieren que no veamos en realidad una sociedad en la que hombres y mujeres cooperan y se llevan bien.
Quizás lo políticamente correcto incluye también crear una realidad paralela totalmente mentirosa para dominar a la gente precisamente con falacias y tenerlas agilipolladas eternamente, hasta el fin de sus días en una habitación leyendo libros rarísimos que dan la razón a la progresía que ya no sabe lo que es pan y lo que es vino.
Yo leo en El País cada parida y cada título de libro que va creando esta corrección política tan absurda que crea la izquierda porque la izquierda sabe ya que todo su discurso es mentira y algo tiene que inventar y entonces inventa la corrección política que es, simplemente una dictadura de lo que hay que decir y pensar.

Cuando defiendes una mentira ya manifiesta, tienes que inventarte otras mentiras para seguir engañando.

domingo, 5 de mayo de 2019

Circunnavegando afligidas égidas partidos de la curia más estulta, así va España a su encogimiento del caudal común por parte de manirrotos mentecatos. Venció la élite de los correctores del idioma y del rigor legal del ayuntamiento machihembra. Venció la estirpe de los justicieros que hacen tabla rasa con el peculio de los íberos. Las tasas y los diezmos que esquilmarán a los necios habitantes de la piel de toro no tendrán cuenta. Las dádivas a perezosos pegotes del erario para que tengan la andorga amable y decidan en las urnas no tendrá parangón en la Europa de los cerdos.
Así irá España. Pronto, sin advertir tamaña argucia de los equilibradores del sistema igualitario, muchos irán al reposo laboral de forma inédita y esperada, tal cual pasó cuando tomó el césar absurdo de las calzas estropeadas las riendas del país que coge ahora su hijastro más audaz y más zopenco.
Os advierto desde aquí, mis compatriotas, que no pasará un año en que este resistente, este chulo de putas narciso y alto, nos traerá la ruina que todos estamos mereciendo. No durará el dinero mucho tiempo en la caja del estado, pronto se irá como se fue en su día pues el social amigo del gobierno lo gasta como si no fuera de nadie.
No hace falta ser muy agudo para ver que de este al que hubo no hay mucho trecho. Los dos son muy chulos, muy tontos y se regalan las mañanas con un espejo delante de su pecho.
No hay que ser Holmes para ver que este es un necio, un necio que sueña con la justicia social y nos despertará con la ruina del país en poco tiempo.
Las ministras paritarias son idiotas, en el extranjero ya saben que hacen agujeros en la caja de caudales al instante. No hay empresa en España que no cosan a impuestos.
Si ya hubo, pronto habrá que lamentar gobernante que no sabe, gobernante que nos miente, gobernante de la mierda.
La justicia social que estos quieren es dar dinero y dar dinero para seguir cuatro años más jodiendo al que trabaja y dando paro al final del desgobierno.

sábado, 4 de mayo de 2019

Me queda poco para terminar con el libro titulado "Walden" de Henry David Thoreau. Es un gran libro. Es un libro del que desea por todos los medios disfrutar de la naturaleza. Yo sé que hay poca gente que conozco que lo haya leído ni lo vaya a leer, así que no puedo comentar su belleza con nadie. Solo lo leo a modo personal, como hago con tantos y tantos libros. Hay gente que pone el énfasis en celebrar cumpleaños de niños y mayores y parlotear con los amigos y vecinos de otros amigos y vecinos. Yo he pasado unas tardes en los soportales del ayuntamiento de mi pueblo leyendo este libro. No se aprende más que leyendo un libro bueno, no cuchichear de las vecinas. Cuando vino gente al soportal, tuve que dejar la lectura y me hicieron un interrogatorio. La gente de mi pueblo se asombra de que yo viva en un sitio como Majadahonda. "Allí hay de todo", dicen, y se les llena la boca con una estúpida admiración. El local que más me gusta de Majadahonda es la Biblioteca Municipal, cosa que a esta gente de mi pueblo los extrañaría mucho. "Ahí no hay más que libros", dirían como asnos. Pues eso. Prefiero un buen libro que conversaciones absurdas con gente que quiere enterarse de lo que yo hago donde vivo.
"Walden" tiene preciosas descripciones, tiene una historia muy bonita, tiene el latido de un hombre que quiere vivir en la naturaleza, tiene una reflexión sobre la naturaleza humana. Y los de mi pueblo, ¿qué tienen? Una curiosidad enfermiza.
El bien común. Es muy difícil hablar del bien común pero, sin duda, todo el mundo aseveraría que los políticos que gobiernan deberían tender a ese bien común, aunque no sepamos los ciudadanos en qué consiste ese bien en su globalidad tan extensa. Los dirigentes tienen una legión de asesores pagados por el ciudadano y aún así, esa legión de asesores y la inteligencia supuesta de los dirigentes no nos acercan al bien común. ¿Acaso el dirigente solo era inteligente para alcanzar el poder y en el poder se comporta como un pato estúpido que da patadas sin saber adónde?
Yo siempre parto de que los partidos políticos adolecen de unos prejuicios ideológicos que los atrofia para conseguir el bien común. Yo veo en el PSOE una defensa cerrada y cerril de la mujer por encima del bien común. Yo vi en el PP una defensa atrofiada de la macroeconomía por encima de los ciudadanos. Yo vi en ambos una corrupción desmesurada que está en contra del bien común. Los ciudadanos, en la medida en que podemos, nos procuramos el bien común que podemos sin pensar en que los políticos nos lo procurarán. Así, el científico pone las bases para curar el cáncer de páncreas. Quizás haya en ese descubrimiento algo político pero lo más que hay es la capacidad de un equipo de científicos que miran por un microscopio incesantemente. La gente que ve pedir en un supermercado a una vecina, saca de su cartera 10 euros y le compra un pollo. Y los ejemplos los hay a miles de millones. Si los políticos tuvieran un mínimo de la idea de bien común que tenemos los ciudadanos impresa en nuestra voluntad, el mundo rodaría como una bicicleta alegre y feliz. Pero no, en los políticos hay intereses que pagar, codicia, sectarismo al que hacer caso, colectivos que son mejores que otros, ideologías que empañan su mirada. En fin: mucha mierda en los ojos que les hace imposible ver el bien común y tender a él.
Que cada uno aporte según su capacidad y que le den según su necesidad. Esto es lo justo y sería lo ideal en una sociedad adecuada. Eso hacen las hormigas, que reparten sus bienes igualitariamente. Pero la avaricia de los humanos no tiene límites, eso lo sabemos. Y la pereza y la irresponsabilidad de algunos hace que otros sufran. Yo me negaría a que un pelele que no hace más que beber y beber o pervertirse tuviera ni un privilegio más que otro que lleva una vida acorde con lo que todos entendemos por la civilidad. Hay gente que cumple y hay gente que quiere vivir mejor que los demás a costa de los demás (por ejemplo, muchos políticos que tienen casas de un millón de euros y no las declaran). Yo reclamaría para los incapacitados todo tipo de recursos y adelantos para que vivieran mejor y también para los ancianos pobres que viven mal en residencias pero no para jóvenes que desean que llegue el fin de semana. Tampoco daría recursos para aquellos que hacen un trabajo ínfimo y encima se quejan y no quieren más que días libres y cobrar más. En mi trabajo, yo cumplí como el que más y a los liberados sindicales los tenía asco.
Hay gente que puede aportar en esta sociedad porque sabe cocinar, cuidar ancianos o limpiar o quizás se sabe muchos refranes antiguos, qué sé yo pero la democracia no es el paraíso comunista.
Hay políticos que se hartan a retorcer las leyes para que digan lo que ellos quieren que digan pero luego viven con el triple del salario mínimo y tienen casas que te mueres. Por cierto, me ha encantado que Podemos baje de votos. Es lo que esperaba ver estas elecciones. Se acabó el espejismo y la hipocresía del bocadillo mágico. Otra cosa: las democracias son mejorables si votamos a los mejores o menos malos pero en las dictaduras como en la cubana, te despojan de todo: tu propiedad no existe, tu dignidad no existe, etc. Y eso que es el paso al comunismo donde todo el mundo es igual de gilipollas en un hipotético paraíso. Los paraísos en la tierra no deben existir porque la misma naturaleza humana los niega. ¿No es un hombre un lobo para el hombre? ¿Cómo va a crear un lobo un paraíso para el hombre? Ya sabemos que el poder tiene esa cosa indescifrable que lo pervierte. Porque el poder no lo ostenta una mosca. Lo ostenta el hombre. Ya veremos las flaquezas y las miserias de Sánchez en el poder. Ya las vimos antes en el innombrable. Y cada uno que pase por el poder, se retratará como retrataba Velázquez a los reyes: con todos sus defectos, con todo su mefistofélico realismo.