domingo, 30 de noviembre de 2014

Tengo que reseñar unos días de nervios por causa de las horas de noche que se quedaban vacías y sin sentido y no sabía yo cómo hacerlas frente. Debo organizarme con actividades que duren una hora pues hasta ahora, la lectura, por ejemplo no me solía ocupar más allá de media hora. Debo imponerme un horario lector para matar el tiempo. Hacer la novela no me da más que para media hora en que relleno folio y medio de historia. Debo imponerme un horario por las tardes como cuando estudiaba oposiciones o hacia algún trabajo para la universidad. El caso es tener tiempo ocupado enfrente del ordenador o en la mesa del escritorio hasta cumplir las cinco horas que van de las cinco a las diez de la noche. Ha sido una tortura pensar, en una especie de neurosis, que las horas se alargarían enormemente sin saber yo qué hacer y estar condenado al aburrimiento. Yo lo llamaría el síndrome de las horas largas o el síndrome del tiempo sin ocupar. Yo no puedo ver la tele. La tele me aburre. Yo no me entretengo de cualquier manera. Yo debo controlar a qué dedico mi tiempo.

sábado, 29 de noviembre de 2014

He leído esta semana una revista de historia que hablaba de la revolución leninista. Ya sólo quedan cenizas de esa revolución. Yo lo que me pregunto es que los partidos comunistas existentes, ¿todavía creen en la revolución del proletariado? Dicen que el proletariado como tal ya no existe. Rusia acabó entrando en el juego capitalista. Esta revista también hablaba del Sputnik, del sitio de Malta, de Herodes, de la excepcional catedral de Barcelona, de una cena que hubo entre tres emperadores, de Voltaire y su "Cándido" que parodiaba a Leibniz, del tratado de Fonteinebleau entre Carlos IV y Napoleón y del inicio de la Guerra Civil española. En estas tardes cansinas y largas de noviembre me la he leído y me he comprado otro ejemplar para seguir llenando las horas del invierno que viene. Por la calle no hay ni Dios a partir de las seis de la tarde, yo hago pequeñas excursiones que me tienen entretenido y todo el ambiente de crisis y de desolación es asfixiante. Da asco 2014, pero ya lo despediremos como se merece.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Mis obsesiones de estos días han sido cómo pasar el tiempo. Así de simple pero así de duro. No sé cómo pasar el tiempo. Podría pasarlo tumbado sin hacer nada o viendo la televisión pero no puedo. No puedo dejar de hacer nada. Debo plantearme en cada momento qué es lo que voy a hacer para evitar no hacer nada. Decía Demócrito que sólo los tontos no sabían lo que era la alegría. Pues yo debo ser tonto de capirote pues nunca estoy a gusto con lo que hago y lo que hago no lo valoro y así, mi autoestima está por los suelos pues por mucho que haga nada de lo que hago me parece valioso.
Y creo que cada vez será peor. Con los años la dificultad de hacer cosas valiosas para mí será mayor, cada vez estaré para menos y seré más desdichado por no poder hacer cosas que me parezcan útiles o valiosas.
Debo tener un síndrome de algo muy raro en el que uno no está a gusto consigo mismo porque no logra hacer cosas que le satisfagan. A lo mejor tiene que ver con la idea de megalomanía o algo así. En fin, yo haré lo que pueda para sentirme bien. Hay tanta gente rara en el mundo como gente hay en el mundo.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

A veces nos topamos con personas correosas, acaparozonadas y enclaustradas en su modus vivendi. Nos tenemos que poner como a la defensiva cuando hablamos con ellas. Son personas que hacen de su capa un sayo y están mamando de una teta que parece pertenecer a una ubre de un bóvido que se alimenta como un parásito; chupando y chupando como si se tratara de una garrapata que deja exangüe al perro enflaquecido y amarillo que se va cansando ya de tanto palo y de tanto maltrato. A estas personas que nos miran al resto de los mortales como a una cucaracha desde sus parapetos; les hacía falta quizás un poquito de humildad, como al perro ya mencionado, que no es humilde ya, que no es del pueblo llano, sino que va de aquí para allá humillado y en desamparo. Yo propondría, para las próximas elecciones generales y para muchos puestos de la administración, una prueba definitiva que eliminaría a mucho malencarado hacia el puesto que va a ocupar. Esta prueba consistiría en picar una zanja. Aquel que ponga más énfasis en conseguir la zanja más profunda y larga, demostraría al estado que en el puesto a ocupar se comportaría como una persona esforzada y trabajadora; y por favor, que acabe ya de una puta vez el dedo que coloca al del carnet.

martes, 25 de noviembre de 2014

En esta vida que llevamos, todos somos un poco frikis o fans de algo. A lo mejor antes éramos histéricos de algo, forofos o coleccionistas. Ahora todos somos frikis de la ropa, de la limpieza, de los tebeos, etc. Lo que me jode es que viene de una palabra inglesa (freak), que quiere decir monstruo. Como los ingleses son muy exagerados para algunas cosas y las diferencias generacionales en esos países sajones son muy fuertes, pues de ahí el término: somos los seres humanos nada menos que monstruos para los demás. Pero como el término se ha extendido, ha perdido ya su valor y es friki hasta la abuela. O no se sabe lo que se habla, que es mucho peor. Y fan viene de fanatic que es otra especie de locura por una canción o por un cantante o por un político, pongamos por caso. Yo creo que todas estas modas lingüísticas son absurdas y hay que llamar al pan, pan y al vino, vino. Friki=tío/a rara y fan=seguidor acerrímo. No seas friki ni fan, sé tú mismo y te irá mejor.
Hay una cosa peor que la soledad que es estar solo y enfermo o solo y en una prisión, sin nadie que te aguarde a la salida o solo y pobre pidiendo por las calles. Acordémonos de la gente en estas situaciones antes de quejarnos de lo nuestro. No sé por qué me pongo tan tremendo pero veo que el mundo que nos venden es amable como una sonrisa de la señorita que nos lo vende. Lo demás se oculta. La sociedad actual oculta las enfermedades, las cojeras, las locuras, tratando de hacer como si no existieran. Lo malo es que sí existen y no es bueno ocultarlas sino tener cierta idea de ellas para cuando nos toque sufrirlas. Yo, como lector de novelas, he leído ya un poco de todo y salen estas cosas feas a relucir. No en las novelas actuales, que con un crimen para resolver o una saga de reyes o de romanos nos dan las tantas. El caso que yo quería exponer hoy es que lo feo también existe y el que lo ha vivido se olvida de tanto colorín y de tanto crucero por el mar del Corte Inglés. Sufre y por sufrir, abre los ojos. La educación enseña, la publicidad oculta.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Ayer estuve en el barrio de Delicias en Madrid. Fui en cercanías, el tren que recorre la comunidad de Madrid. Cuando se sale de la estación de Delicias, se ven un montón de bancos en hilera en una pequeña explanada. Es ideal para fumarse un cigarrillo. Se ven viajeros que van deprisa y gente pícara o abuelas con sus nietos sentados en esos bancos. Luego bajé el Paseo de Delicias que sale a la izquierda. Llegué a una plaza muy grande después de andar un buen rato y subí por Embajadores hasta otra plaza enorme. A la derecha anduve por una calle muy bonita, de aceras muy anchas, que se llama Ferrocarril. Yo quería encontrar la biblioteca "Joaquín Leguina" pero no la encontré. Merendé en un bar muy limpio y luego me senté otra vez en la explanada de los bancos al lado de la estación. Luego subí por el Paseo de Delicias y cuando me cansé de andar me metí en la estación y regresé a casa en tren. Tengo que hacer esto, aunque parezca ridículo, para no aburrirme por las tardes. tengo que hacer algún curso de algo u otra actividad.