¿Qué te gusta más, las matemáticas o la lengua? Ninguna de las dos. Me gusta jugar a la Nintendo. Unos padres ignorantes hacen hijos ignorantes y a los 12 años quizás esos hijos hayan oído hablar de cosas culturales de los que sus padres no han oído jamás. Pero a esos hijos, las cosas culturales, por un oído les entra y por otro les sale porque en casa no se oye hablar de nada cultural. Solo de la palomita que preñó a la virgen y un poco de los curas, pero muy poco. La gente de casa no ha leído un libro en su vida y, si lo ha leído ha sido prestado, nunca comprado. Y la cultura, en casa, brilla por su ausencia, pues no tiene esa casa una triste biblioteca. Y, así, ignorantes ellos e ignorantes los otros, avanzarán en medio del mundo a ver si el hijo se mete futbolista o destaca en el bádminton, disciplina esta rara de ver y de entender. Pero no. Los hijos ignorantes no destacan en nada que no sea: quiero esa camiseta, quiero comer lasaña y leche merengada y asuntos de estos.
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