Los gorriones andan dando saltitos en la plaza. Existió el libro de los gorriones en el que estaban los poemas de Bécquer. Existe la catedral del mar y la zona cero. Existo yo, que no es poco. Las avenidas no se tuercen con facilidad, por eso son avenidas. La vendimia trae trabajo y luego, vino. ¿Quién vino? Vino el señor de las flores. La dudosa luz del día me parece que es el título de una novela bastante antigua. Cela, Camilo José Cela, logró ser Nobel. Qué tío, diría uno de mi pueblo. Hay que ver qué tío. Así fue pasando el día y tan contentos de que no se torciera malamente. El ayuntamiento reparte horas de cola y de preocupación. Evidentemente, esta tarde no tengo qué hacer. La vida se descompone en colores de todos los tipos posibles.
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