Qué bien me supo el cigarrillo allí sentado en el banco mientras el tapiz de césped regado con agua reciclada nos daba su frescor. Vinieron dos niños con bicicletas. En un momento dado, el padre les dijo a los dos: venid para acá. No tardaron ni un segundo en dar la vuelta y dirigirse donde estaba el progenitor. Me llamó la atención esa autoridad, ese ejercicio de obediencia de los niños. Como todos los días los padres tengan que estar a la rebatiña con sus hijos por simplemente obedecer una orden, se buscan la ruina familiar, se buscan no estar a gusto con sus hijos que, de alguna manera, se burlan de ellos, de los padres. Tú deja hacer, que ya ellos harán por ti. Lo viví de profesor: o mandas o te toman por el pito del sereno.
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