lunes, 14 de septiembre de 2026

 La ciudad le había sido hostil desde primera hora de la mañana, cuando tuvo que aguantar una advertencia del inspector jefe: como esto no esté mañana por la mañana, piense usted que le abriremos un expediente. Luego se cruzó con ese hombre que conoció en las clases de cerámica y, al ir a decirle hola, le dijo: tengo que ir a por tabaco. Habrase visto tal grosería. Luego vio una mujer muy guapa por la calle que le dijo: no me mire tanto el culo. Y encima había pisado una mierda de perro. El futuro se estaba volviendo muy oscuro. Hasta que fue a mear al bar de los sándwiches. Y había una música envolvente que le acarició por dentro. Y un frescor que despedían las baldosas azul clarito. Y se sentó en la taza y le vino una mierda muy aliviadora. Y ya estuvo toda la santa mañana allí sentado, oyendo jazz de los negros de Missouri. Allí sentado como si estuviera muerto, como si estuviera desterrado de la ciudad, como si su vida solo cupiera ya en ese cuarto de baño, como si la paz le hubiera venido a visitar en forma de agua corriente.

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