jueves, 3 de septiembre de 2026

 El comunismo quizás funcione como una religión: creer en lo que no se ve, que es la dictadura del proletariado. Y además, el proletariado ha cambiado mucho. La gauche divina quiere convencer a ese que hace cemento de que debería hacer la revolución. Los comunistas de hace 100 años le daban al asunto un barniz de existencialismo: debemos comprometernos en este mundo con un ideal porque si no, nuestra vida es absurda. El mito de Sísifo pende de los progresismos de ayer y de hoy. Hay que ser activista, enterarse de por dónde va la gente, criticar duramente a la ultra derecha. Los comunistas creen en algo que no sucedió en la historia, que nunca tuvo lugar. Y la religión cree en un Dios. ¿La palabra de Dios es más verdadera que la palabra de todos aquellos que hablaron del paraíso comunista en la Tierra? No se sabe. Los evangelios hablan de prodigios y fe. Marx habló de que la historia se somete a la lucha de clases. ¿A quién creer? La gauche divina cree en el obrero, pero de lejos, en sus urbanizaciones de lujo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario