Por las mañanas me levanto con la boca pastosa y mucha sed. Sed que mitigo con mucha agua. He leído algo sobre Lorca, que vino a Madrid a triunfar de autor dramático. Parece que le gustó Madrid. Tenía muchos amigos, entre ellos, Marquina. A mí, los dramas rurales de Lorca no me gustan mucho. "La casa de Bernarda Alba" la veo una exageración inviable. Lorca escribió mucho sobre la muerte. Era una pulsación negativa en él. En el "Romancero gitano" me parece que el personaje más importante precisamente es la muerte. Y a la gente no le gusta leer sobre la muerte. "La luna me está mirando y yo no la puedo mirar", o algo así, dice un verso de ese romancero. Y es que la que habla está muerta. Lorca era un poco siniestro en ese sentido. No me gustan ni los poemas ni las novelas que hablan mucho de la muerte o que hablen los muertos. Es incompresible.
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