Estos cambios bruscos de temperatura afectan al carácter. El que gasta, gasta más y el que quiere ser el más rico del cementerio, va mirando al suelo a ver si ve un céntimo que meterse en el bolsillo. Luego están los de yo invito y tú pagas. Y luego están los que echan pocos ingredientes en la paella. Y luego están los que huelen a moho, que solo hablan de sí mismos, no saben conversar. El moho los corroe el cerebro de modo que si tú hablas de cine, ellos hablan de la vecina. Y así todo. Hay mucha sequedad en el ambiente, hay mucho rastrojo seco y amarillo. Y luego está este aire que hace bajar la temperatura muchos grados para que el cerebelo de un cretino se imponga. La duda sobre el ser humano nace de estos cambios atmosféricos repentinos. No digas que has ido a Venus en un barco.
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