miércoles, 23 de septiembre de 2026

 Las alas de un dragón endemoniado surgen en mi mente agitándose puras sobre la faz de la tierra. Y el dragón, trasunto de un dios amargado y triste, eleva su vuelo a un cielo cada vez más alto y sucio de contaminación de los coches. A este dragón no le gustan los coches ni los que van en ellos, así que lanza sus llamas contra los audis y los bmws y los mercedes, achicharrándolos inmisericordemente. Y así, el dragón se venga por haber sido arrojado a la gran ciudad mientras vivía plácidamente en el campo, en la llanura de Montiel, concretamente. Y el dragón no quiere ver coches, no quiere ver el inmenso aparcamiento que es Madrid. Por eso sus llamas se dirigen contra los vehículos que se han convertido en el gran impedimento para vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario