Voy a hablar de un poeta que se llama José Hierro pero sin mirar en la Wikipedia, solo diré de él lo que sé y de lo que he leído de él. José Hierro era santanderino y estuvo en la cárcel. José Hierro mamó de la tradición de los poetas del 27 pero creo que la sobrepasó. José Hierro sale en las fotos todo calvo, con un rostro recio y avezado y su poesía tiene mucha musicalidad. Tiene tanta musicalidad que parece que lees canciones en vez de poesías. Por los años 90, se le promocionó, como se dice ahora, y salió en muchos temas culturales. No sé si le dieron el Cervantes. No sé si pertenece a las generación del 50. Yo creo que su poesía la supera, como supera la del 27.
martes, 3 de febrero de 2026
La celeridad con que han pasado las cosas me han llenado de asombro. Solo hace una semana, estaba yo yendo al hospital a ver a mi hermano. En la estación de Soto de Henares (estación nueva) sentí el frío colárseme por el cuello abajo. En el tren pensaba yo cómo se repiten las cosas: el Mercadona, las paellas, los rostros de antes que entraban en el vagón: gente recia. Mear en Atocha me costó un euro. Debí de echar un litro. Estar solo en casa otro día para al día siguiente ver nevar, fue un ejercicio de soledad tranquila. Llamar a un taxi me puso casi de los nervios para ir para allá. El tiempo tan lluvioso e inestable rompía contra mi excitación. Pero todo ha transcurrido con al ayuda de la familia y eso es lo cuenta. Vaya si cuenta.
Mirando y mirando en internet he visto que lesiones por la aguja de una inyección son comunes y ponía en el artículo que, con aplicar calor en la zona esta podía aliviarse. Es alucinante internet, como yo lo sigo llamando, no redes sociales. En internet se encuentran soluciones a todo, también mucha distracción absurda. Los llaman tutoriales y son muy buenos para cualquier duda o cosa que tengas que hacer si no tenías ni idea de lo que te pasa. Solo hay que hacer la pregunta adecuada, como yo hice: qué pasa cuando la inyección te la ponen por debajo del glúteo. La información viaja, se entrecruza, avanza y hay está para que la explotes de manera eficaz.
Personas que desconfían de los demás hay muchas. Y personas que solo confían en sí mismas también. Pero la combinación "yo siempre hago lo mejor y los demás, no" es, creo, un signo de soberbia pero también de debilidad de la personalidad. A lo mejor, de niños, aprendieron que los demás defraudan sus expectativas. Si los adultos con los que se ha rodeado (principalmente, sus padres) le han decepcionado quizás ha tenido de lo demás adultos también una idea peyorativa mientras se avivaba en él una idea de superhombre que todo lo podía. Pero, a resumidas cuentas, ¿qué ha conseguido? Con una inseguridad tremenda sobre el mundo adulto, no ha creído en nada que no fuera él y sin tener confianza en los demás, se consiguen menos cosas. La verdad es que es un alma cansada y abatida por culpa de los demás. Pero la infancia pasó y no es excusa para la mayoría de edad.
lunes, 2 de febrero de 2026
Había un tipo muy graciosillo que cortaba todas las conversaciones serias con comentarios ocurrentes y molestos. Hasta que un día alguien le dijo: vete a tomar por culo con tus chascarrillos. Y ya se calló. Era este tipo feo, grande y bobo. Y como ya no tenía diversión alguna, se dejó barba y fue al gimnasio. Pero se aburría de igual modo que antes porque era tonto del bote de aquí a Valladolid. Dice que leyó muchos libros. Dice que en el instituto era el número uno. Hasta que conocí a un profesor suyo que le tildó de idiota en mis barbas. Yo conozco a este tipo. es majete, pero solo majete.
Con la sola ayuda de un diccionario de antónimos y sinónimos, para no repetirme, conseguí escribir una novela. Fue allá por el 2013. Tenía mucho tiempo libre y con una coca cola de estímulo, nada más comer, escribía uno o dos o tres folios. Yo no veo difícil escribir una novela. Cualquiera la podría escribir si tiene tiempo. Es solo pensar una medio historia en tu cabeza que luego se convierte en una historia completa. Yo, como soporte de esta narración que digo, pensé en una prostituta y ya casi estaba hecha la novela. La última que he escrito es sobre una experiencia que yo tuve en Las Rozas. Y ya la he acabado.
Juan Ramón Jiménez iba de orgulloso por la vida pero la poesía que escribió es muy buena. Perdónesele la chulería por el arte que compuso en palabras, versos y estrofas. Lo que no sabe la gente es que este poeta fue enfermo mental y se pasó por la entrepierna todo lo que llevaba faldas: tenía esas dos cualidades o defectos. A mí siempre me gusta recordar estos versos de él: para dar un descanso a mis penas/que me parten la frente y el alma/me he quedado mirando a la luna/a través de las finas acacias. Era un artista de la rima asonante. Era gran poeta. A veces, ensimismados en no sé qué ambiente nocturno, nos consolamos de lo que nos pasa porque no sabemos lo que nos pasa.