martes, 4 de agosto de 2026

 Ayer, en la chocolatería, vi a una vieja muy vieja, fumando. Ayer las ideas se me escurrían del cerebro como agua sucia. Pocas veces me he sentido tan lleno de ideas malas como ayer. Pero hoy todo ha pasado. El día que me asuste la idea de morirme, ya estaré casi muerto. Los grajos pasan a una altura muy elevada en el aire lento de agosto. Las playas están llenas de arena, de eso están hechas y las olas se acercan pero se van. No quieren quedarse lamiendo tanta huella sucia del ser humano. Los pies del ser humano estaban trazados hace mucho tiempo, en la mente de un ser superior, en la mente de alguien que pensó hacer algo perfecto. Pero no todo es perfecto en esa creación particular. El pecado y la violencia también están en ese ser. El héroe de leyenda es testigo de un castigo.

 Ayer recordé escenas de mi pasado y no me sentí mal. Por lo común, cuando recuerdo, me siento mal. Casi todo ya es pasado, no van a pasarme cosas importantes, presiento. Me refiero a cosas buenas. Ya todo será una monotonía de lluvia tras los cristales, como decía el poeta. Y, dentro de esa monotonía, esperemos que a Paco no le dé ningún brote. Para eso, no hay que usarle de chófer durante días. Se estresa y se pone malo. Dice Paco que la soledad primero araña pero después, acaricia. La soledad de los dos es a lo que estamos abocados. Ojalá sepamos, en un futuro, gestionar nuestras cosas en interés nuestro. Te asomas a la calle, eres la chica de ayer.

lunes, 3 de agosto de 2026

 El tiempo parece haberse detenido al levantarme y ver que está todo nublado. Ya los tiempos de mirar por la ventanilla el paisaje cambiante pasaron. Han venido otros tiempos, más aburridos, más cobardes. Instalados en la habitación o en la placita del kiosco de prensa, vamos pasando los días del verano. Hoy parece otoño, no hace calor ni frío. A ver cómo asumo tanto inmovilismo, tanto andar por el mismo camino. Los libros me ayudarán a pasar el día. Y las piernas, que se moverán equivalentes en el andar. Ojalá dure este tiempo mucho tiempo, valga la redundancia. Al alcance de la mano está la adaptación, la entrega, la afirmación de lo que hay.

domingo, 2 de agosto de 2026

 Hay un decir que dice: si no lavas los dientes al burro, el burro irá diciendo lávame los dientes. Es penoso que la gente no haga caso a los niños y satisfaga sus necesidades imaginativas. En todo momento, el niño expresará deseos que se han de cumplir para que el niño no sufra. El niño no es tonto: desea lo mejor porque a eso le han enseñado los padres al comprarse zapatos de doscientos euros o más. El niño ve riqueza en casa y pide de lo mejor lo superior, como hacen sus padres. Y si no lo consigue, estará de morros toda la tarde y parte de la mañana del día siguiente hasta que lo consiga. Nunca pensé que te olvidaras de eso.

 El niño quería ir a la luna. Había hablado claro y con determinación. Y claro, los padres del niño no querían que se frustrase el niño porque una frustración del niño podría marcarle la infancia para siempre. El niño era muy ambicioso. Ya se hartaba de dibujos y demás entretenimientos. Si no voy a la luna, dijo, os haré responsables de mi salud mental. Chillaré y chillaré todos los días de agosto y todos los de septiembre. Como no me llevéis a la luna, os denunciaré a la policía por maltrato infantil. Estas cosas asustaron a los padres. Pero dijeron: ya se le pasará. Pero no se le pasaba. Todos los días se levantaba y decía: quiero ir a la luna. Y chillaba y lloraba como nunca lo había hecho. Pasa la gloria, pasa la gloria como un río que va al mar.

 Papá, yo quiero montar en una lancha. Pero, hijo, ¿no ves que no somos ricos? Sí somos ricos, papá. Yo quiero montar en una lancha y salir al mar bravío, papá. Si no, lloraré hasta desmayarme. Y luego, en al comida: Pepa, dile al niño que no somos ricos. Pero no le digas que somos pobres porque se traumatizará y llorará más de la cuenta. Hijo, dice Pepa. No somos ricos, ¿lo entiendes? No tenemos dinero para una embarcación. Qué más quisiéramos tu padre y yo. Ir al mar bravío por las costas italianas, ah, qué placer, dice la Pepa. Cómete la ensaladilla, niño. No comeré ni beberé nada hasta que me montes en una lancha. Y dice una tía: solo tiene cinco años. Espérate un poquito más y pedirá la luna el hijo de puta del niño. Tus cabellos dorados parecen el sol.

 Escribir significa clarificar las ideas. Unas ideas que pueden ser erróneas en el sentir general. La costa española está invadida de turistas. Cuantos más, mejor. La gente de negocios de la costa triplican y cuatriplican sus dividendos. Hacer el agosto no ha sido nunca mejor dicho. Para vivir el invierno sin hacer nada. Restaurantes, tiendas de souvenirs, tiendas de toallas y sombrillas y gorras y camisetas (papá, yo quiero una camiseta), tiendas de joyas (Marianito, yo quiero una joya), tiendas de arreglo de aparatos náuticos como veleros y yates pequeños. Etcétera. Y el turista, a pagar. Pero me importa poco. Ya está el blog hecho. La lira está en un rincón, en un oscuro rincón.