jueves, 7 de mayo de 2015

Ando por la calle desocupado. Veo a otros desocupados. Nos desocupamos todos mientras andamos no se sabe muy bien para qué. Hay gente, por otro lado, que tiene que trabajar un montón y se lamenta de esa gente desocupada que no hace nada. 
Ocupar deriva etimológicamente de ob- y capere (coger). Si se le añade el prefijo pre- tenemos que la gente está pensando en algo para poder resolverlo. Si añadimos el prefijo des- a preocupar tenemos eso que se llama pasar de todo. ¿Cómo se puede pasar de todo estando uno desocupado? Todo ser humano busca ocupar algo: un hueco, un puesto de trabajo, una habitación. Estamos todo el día ocupando cosas y ambientes. El que está desocupado es como un fantasma que ronda los lugares sin quedarse en ellos. El desocupado no hace mella en los lugares por los que pasa. "Yo pasaba por aquí", dice, "no ocupo lugar". Y está deseando ocupar algo, esa es la meta del desocupado. Ocupar. El desocupado es un okupa en potencia porque está deseando que le quiten el sambenito de desocupado vago y merodeador, como un oso en Yellowstone que huele las meriendas de los turistas, como la prostituta que da unos pasitos para que alguien la admire y la ocupe. Las prostitutas también son esas aparentemente desocupadas que quieren ser ocupadas en todos los sentidos, especialmente el sexual. Así es la vida, hay desocupados, despreocupados, vulgo "pasotas" y preocupados y ocupados en algo. ¿Es mejor estar ocupados en esta vida? Según con qué. Yo me estoy sacando bolas de la nariz y no es una ocupación digna de mención. Otros se ocupan del tráfico quizás porque les han puesto ahí, quizás desearían ocupar el tiempo y el coño de una chica decente o indecente, vaya usted a saber. La ocupación más honrosa quizás es la que dediquemos a nosotros mismos. Por eso nos dicen a menudo: ocúpate de tus asuntos. Que quiere decir: lávate que hueles a gorrino.
Benito Pérez Galdós era un gran conocedor del alma humana, al igual que Cervantes, al igual que Víctor Hugo. No les extrañaba nada en el hombre: todas sus locuras, ambiciones, vicios o virtudes excelsas. De todo ello escribieron un montón de páginas. Me los imagino escribiendo, componiendo una novela. Pensarían en un protagonista de los que andan por ahí, un héroe o una heroína que querían ser ejemplo de lo que aguanta el ser humano, de lo que todos tenemos un poco para que lo leyéramos y nos sintiéramos como ellos un tanto.
Luego, en la época actual, hay también una pléyade de escritores que se confunden todos en una masa informe hecha de publicidad, de prestigio, de solemnidad. Como por ejemplo, Arturo Pérez Reverte que escribe de casos históricos, de sucesos ejemplares.
Luego, estamos otro montón de escritores que escribimos para entretener el tiempo, para los amigos, para no estar de más de cuatro a seis. Y no tenemos prestigio, ni publicidad ni sabemos siquiera si conocemos el alma humana.
Uno siempre piensa para qué escribe.

martes, 5 de mayo de 2015

Estas nieves tardías, estos cielos inquietos
que han vuelto la primavera
carrusel de nube y viento
han traído a mis días 
un corazón extenuado.
Miles de hormigas recorren terrenos extensos de paz y trabajo.
Las promesas se abren como flores marchitas a la luz de la verdad.
Es mentira todo lo que cuentan.
Se adivina el furor del dinero bajo los candados que guardan la opulencia.
Y sigue el corazón extenuado vertiendo ansia de fe.
Pero el tiempo aleja la verdad de nuestras bocas
para irse en otras que la mancillan 
para volverla mentira.
Encontrar la salida de este gris laberinto. Es gris laberinto por muchas razones. A veces la cabeza no nos gobierna sino que nos lleva por andurriales inmundos. A veces los deseos no se cumplen y, como decía Freud, estos incumplimientos nos sumen en neurosis que acaban con la paz de la vida. Otro sabio del XVI español dijo que había que encontrar una escondida senda. Todos debemos tener un escape, una escondida senda por donde meternos cuando todo amenaza tormenta. Laberinto, senda, camino, como los caminos de Machado, quizás una torre de marfil desde donde se vea todo muy lejano. El laberinto gris hay que dejarlo de lado como sea, internándose en él como las chicas Almodóvar pero sin pasión ni pecado ni locura ni incesto. Hay que ser puros para irse manchando de la mierda de la vida. O hay que ser ya un ser impregnado de mierda para que la mierda de la vida no haga mella. En fin, la vida es muy compleja y el que la quiera hacer fácil, tendrá que despreocuparse de ella, de los grisáceos tintes que adopta algunas veces. La vida siempre digo que es triste para el que la dé muchas vueltas. El que tenga en la cabeza la sola idea de ir sobreviviendo, de pasar el día, es un afortunado.
La vida nos sorprende y nosotros mismos también.

"Cuentan de un sabio que un día, tan pobre y mísero estaba". Este inicio de una octava real que se encuentra en la obra "La vida es sueño" de Calderón de la Barca dice que siempre habrá en la vida otros que estén peor que tú. Es triste consuelo pensar que otros lo están pasando peor. Pero a eso hemos de agarrarnos a veces para no lamentarnos de nuestra situación. La vida sí que puede ser un sueño en el sentido de que no nos damos cuenta de lo que vivimos algunas veces, que lo que nos pasa nos pasa fuera de nuestra propia conciencia y que por ello no podemos atrapar ni nuestra propia vida para hacerla precisamente nuestra, como si fuera ajena a nuestra voluntad. Como decía Sabina, ¿qué he hecho yo para merecer esto? Y es que a veces la vida no se acomoda a la idea que tenemos en la cabeza de lo que es la vida. Por eso, hemos de contar con los demás y pensar que otros sueñan una vida peor. El dolor de vivir convierte la vida en una pesadilla de la que no podemos despertar a veces. Otras veces, es un sueño bonito que, como todos los sueños bonitos, pasa pronto. Pero creo que siempre hay espacio par el mal sueño en nuestras vidas, por muchas fiestas que corramos inconscientes de que ahí fuera, otro sabio iba cogiendo las hierbas que el sabio arrojó.
Soñarás que vives a veces y la vida no será tuya.
Me obligo a escribir en el blog aunque no tengo ni idea de lo que escribir. La carestía de la vida ya es un asunto muy tratado, mi ánimo decaído ante los días que pasan iguales ya es un tema cansado. La comparación del pueblo con la ciudad ya no tiene recorrido. He fustigado el consumismo y el derroche. Me he metido con familiares a los que no entiendo. En fin, voy a escribir por escribir. Como decía Eugenio, el chiste por el chiste. Lo que no me gusta de este mundo es que sea tan diferente, tan desigual, tan poco afortunados unos y tan opulentos otros. Mientras hay unos que el deseo de vivir bien les empuja a una sarta de placeres, hay otros preocupados por todo, no solo por sí mismos sino por los demás y no solo por los demás sino por los problemas del mundo entero. Estos últimos escriben libros metafísicos para consolarse de los males del mundo mientras otros se toman vinos en Jerez o en Marbella brindando por lo bien que está el mundo sin darse cuenta de que quizás esté mal. Pero no para ellos, que han venido al mundo a disfrutar. A eso me refiero. Unos vienen al mundo a disfrutarlo, aunque no tengan dinero y otros a sufrirlo, aunque tengan de todo. Son personalidades que se dan: el despreocupado y el  preocupado, el hedonista y el maníaco. Nos hizo Dios así de diferentes: los nervios, para unos; la pachorra y el placer de vivir, para otros.
Preocúpate de ti mismo pero también deja que la vida pase por ti.

lunes, 4 de mayo de 2015

La gente está mal comunicada. Tenemos ideas obtusas y erróneas de los demás por la mala o escasa relación que tenemos unos con otros. ¡Ojo! Las personas tampoco van a dejar de tener vicios y defectos por mucho que las frecuentemos. Lo malo es que hay personas que van ocultando lo suyo hasta extremos que dificultan su comprensión por los demás. Entre la manía de no expresarse y preferir estar con el móvil en las reuniones sociales, la poca relación que hay porque llevamos vidas incompatibles para verse o para charlar un poco de nuestras cosas, se llega al caso de familiares que solo se dedican un saludo y encima, triste y como regañado por eso mismo, por la falta de interés de que uno sepa del otro o mismamente, de cruzar unas palabras amistosas. Ese afán de preservar el mundo privado de cada uno llega a hacerse odioso y se piensan cosas malas de ese mundo privado como si fuera pecaminoso o que no casa con el mundo propio. La gente se ha vuelto muy recelosa de lo suyo hasta llegar a resultar gilipollas a los demás. Hay gente que está en esferas que no le corresponden y por eso las oculta y cuando salgan a relucir, nos sorprenden y son una especie de hijos pródigos que al final ya no tienen remedio.
Sé claro. Si eres oscuro, nadie te entenderá.