martes, 7 de junio de 2016

Ayer lunes pasé un día muy apacible que concluyó tumbado en la cama reflexionando a mis anchas. Y reflexionaba yo que esta vida que llevo, que parece muy ordinaria, puede mejorar precisamente si no pienso que es ordinaria y me dedico a vivir aquello que me es dado vivir. Yo no debo ser lo que no soy ni desear estar en otros sitios sino pasar el rato como pueda y aprovechar momentos para expresar mi pequeño o gran espíritu creador. La escritura es una especie de terapia que va sacando de mí pequeñas o grandes frustraciones, manías o traumas que yo tenga metidos en el alma.
Los escritores (estoy convencido) escriben muchas veces para despejar la mente o espantar algunos fantasmas que les están estorbando de modo peculiar y una vez la novela escrita, se sienten mejor.
Esta tarde dará paso a otro capítulo de mi novela en que los protagonistas se verán envueltos en temas míos, temas que me rondan la cabeza y no me dejan tranquilo. Así que eso haré. Y cuando haya concluido el capítulo me sentiré mejor, qué duda cabe.

lunes, 6 de junio de 2016

Me sudan las palmas de las manos (señal de angustia o ansiedad) pero estoy tranquilo. Llevo la vida que llevo pero no la pienso, no me lamento. En un libro que me estoy leyendo que se llama "El pasado" de un argentino que se llama Alan Pauls se analiza la vida y obra de un pintor o artista llamado Riltse que siguió un arte llamado Sick Art o arte de la enfermedad. Ya me lo estoy acabando. La vida de ese Riltse es de pena porque se tenía que someter a operaciones médicas para expresar su arte. Vivió una vida de mendigo aun cuando era famoso y sus obras eran muy cotizadas. La historia real del libro se demora por contar la historia de este artista. Por lo demás, parece que he adoptado, por mero contacto, la visión de la vida de Paco, que no se inmuta ante la vida que llevamos, tan monótona. Parece que yo también la he aceptado y ya no quiero ser lo que no soy ni estar donde no estoy. Me lo monto con lo que tengo y, como filosefeábamos mi hermano y yo el otro día, no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. A ver si esta tarde me da por escribir un poco de mi tercera novela para ir encarrilándola. Marco Aurelio dio unos consejos estupendos para vivir la vida. Deberíamos adoptar esos consejos de Marco Aurelio para ser más felices.
Este lunes tenía el plan de escribir y continuar ciertas historias que empecé hace tiempo. Para ello me tenía que despertar a las diez. Escribiría lo que saliera, escribiría casi sin ganas a ver por dónde la historia me llevaría pero no me he levantado a las diez sino a las once y media por culpa de una tos que no me ha dejado dormir bien durante la noche. He de vigilar el tabaco. Solo he fumado tres cigarrillos hasta la una. Mis historias surgieron un buen día en que me puse a escribir sin saber muy bien qué hacía y todas son de escritores fracasados o que encuentran difícil el hecho de escribir.
También he escrito sobre el pueblo, sobre mi pueblo, en un tono de decadencia suscitado por el paso de los años y cómo ya no están muchas personas que me hacían la vida muy amena en el pueblo. El paso de los años es un tema recurrente en la literatura (cualquier tiempo pasado fue mejor). Bueno, ahora debo ir al supermercado para comprar de comer. No compraré tabaco como medida preventiva. Ojalá dejara de fumar de algún modo. O fumara menos. A ver si mañana martes logro levantarme a las diez y continúo esas historias que solo están trazadas levemente.

sábado, 4 de junio de 2016

He estado viendo en El Mundo la historia de la novela titulada Aventuras del soldado Svejk de un escritor checoslovaco que hizo un poco de todo y se convirtió en dirigente de la revolución rusa y se casó con una rusa. Lo más importante que hizo fue escribir esa novela que le dio fama internacional pero murió a los 39 años por lo borrachín que era. Yo por lo menos no bebo y ya he durado más que ese tipo, claro que lo que yo escribo no es admirado internacionalmente.
El caso es que yo escribo a modo de terapia y para estar ocupado en algo, no me importa mucho la calidad de mi obra aunque de otro modo, si me importa pensando en sus posibles lectores, que no los tengo por ahora. Bueno, mis novelas las lee Carmina, una amiga que tengo y me da un veredicto, siempre benévolo. Mi hermano suele ser un tanto intransigente con lo que yo escribo y no le suelen gustar, siempre les pone pegas a mis novelas. El caso es estar entretenido y volcar en las novelas mis preocupaciones y fobias y manías para que no se queden dentro. Punto.

viernes, 3 de junio de 2016

Aunque parece que mi tercera novela ya nació agotada, aún soy capaz de añadir un folio diario a la historia. Me cuesta mucho pero iré pensando qué hacer con unos personajes que viven en un ámbito muy reducido y parecen cansar ya antes de nacer. El diálogo es una forma de hacer verdecer una historia, con diálogo se puede crear un mundo nuevo entre dos personas y también entre dos personajes.
La vida también parece una novela a la que vamos añadiendo (o nos van añadiendo) folios nuevos que nos envejecen y nos hacen más sabios.
Mi  pasión por contar historias (aunque sean malas o muy particulares mías) me alejan del tedio vital y me obligan a escribir todos los días para que la historia siga.
Ahora me he quedado un poco más solo, después de decir adiós a un pasado que ya cansaba porque daba problemas pero las historias están ahí esperando a que las cuente. También hay lecturas apasionantes en la biblioteca para leer y pasarlo bien. Y luego están los amigos y familiares para charlar y pasarlo bien. Y luego está la playa para hollarla con el pie desnudo.

jueves, 2 de junio de 2016

Las cosas están así. Podría ser de otra manera pero las cosas están así por culpa de otros que no han sabido mantener una postura digna y han insultado y han despreciado hasta el hartazgo. Es que no se puede decir que se quiere mucho a una persona y luego faltarle el respeto de esa manera. Así que estoy solo mejor que mal acompañado. Pero me encuentro bien si no fuera por esta maldita sensación de haber olvidado, por la falta de práctica, todo lo que aprendí y obsesionarme con que me quitan la pensión y he de buscarme la vida. Desde luego, cuando se cobra una pensión, no depende uno de sí mismo, de su trabajo, si no de los que te han dado esa pensión y como está la política y la economía fluctuante e indecisa no sabe uno a qué atenerse. A lo mejor son temores fundados los míos. En fin, yo estoy más o menos tranquilo, viendo pasar el tiempo y aprovechando un poco de él con las ocupaciones que me es dado emplearlo. En fin, la mañana ya ha llegado y me espera un día por delante para hacer lo que quiera prácticamente menos montar en globo. Leeré la novela de quinientas páginas que me está gustando y escribiré lo que me salga de ahí. En la calle Princesa todo es un ir y venir, lo veo casi desde aquí.

miércoles, 1 de junio de 2016

Acostumbrado al sobresalto (o es que a lo mejor es el sobresalto la manera que tiene de manifestarse la vida) ahora vivo una etapa de mucha tranquilidad. Lo peor es que no escribo y ya me está preocupando esta pereza por escribir que siento.
Sintiendo este sosiego a la vez me preocupo por determinar cuánto durará. Es extraño el sosiego en mi vida. Siempre hay alguien dispuesto a alterarme, a sacarme de quicio, a ponerme nervioso o de mal humor.
El caso es que me levanto por la mañana y ya no hay en el día elementos que me hagan atosigarme, pensar mal, disgustarme por algo que no he creado yo sino que son otros que vienen con gaitas, con tonterías, con insultos, con mentiras a llenar de turbiedad el charco claro de mi vida.
Pero no escribo y no me gusta esta inacción literaria que no crea nada, ni una línea desde hace dos semanas. No sé qué pensar. Todo ha quedado en el aire, mis escritos. Sin embargo estoy muy tranquilo, muy tranquilo.