viernes, 7 de agosto de 2026

Un kilómetro. Andar un kilómetro en línea recta. Y luego seguir. Pero yo tengo que tomar pastillas y ponerme una inyección mensual. Envidio a aquellos que son libres de tomar antipsicóticos. Yo no doy problema a la sanidad. Sigo los pasos al pie de la letra que dicta mi enfermedad. Tomo todas mis pastillas. Paco hace lo mismo. Pero eso supone a mi persona una renuncia grande a hacer ciertas cosas. Además, está mi hermano, que cuando se estresa, se pone malo. Para que no le pase, mi hermano no volverá a ser chófer de nadie. Y cuando haya alguien enfermo o muerto, mi hermano se quedará en casa conmigo. Esa es la manera de llevar la enfermedad sin dar problemas. La de mi hermano y la mía.


 La cosa va así: todo el mundo se va haciendo viejo. Cuando ya eres bastante viejo, te cansas de todo. No te hace ilusión ya nada. Pero hay otros que han elaborado a lo largo de su vida un paladar especialísimo a base de buenas paellas, buenos pescados. Ha podido acceder a ellos, a esos sabores especiales. Y, aunque también lleguen a viejos, no renuncian a ellos. Son estos bastantes peligrosos porque han aprendido en su vida que el dinero da esos sabores únicos y disfrutables. Y, aunque ganen mucho, quieren más. Para no dejar de gustar esos manjares a los que están acostumbrados.

 Ya son las 12 en el reló. Suena un ruido como de lavadora. Me parece que es arriba, donde vive la lesbiana con sus padres. O son mis oídos, atrapados en instantes desusadamente caóticos. Me gusta el orden y por eso deseo ser estoico. O quizás por otras razones, pero me gusta la idea de ser estoico. Cuando yo sea viejo, me gastaré todo el dinero mío. Me jode la idea de dejárselo a mis sobrinos. Quizás, después de 10 años, yo ya seré viejo. Quizás, cuando sea viejo, desarrolle la idea vital de gastar dinero, idea vital que nunca he tenido. Ellos son los que acuden cuarto de hora antes, a todos los sitios. El dinero llama la atención a mucha gente, a demasiada gente. O a toda la gente.

 El que se alegra de la buena suerte de los demás ha de ser llamado santo. Yo solo escribo lo que dice un santoral que tengo por aquí rodando como una culebrilla triste. Voy a beber agua. Ya he bebido agua. Ahora voy a echar un cigarro. Hoy he visto a un jardinero usar la azada para remover el suelo del que surgían unas rosas. La tierra estaba seca, era arena pura y dura. Seamos felices mientras podamos. Agosto trae distancias ambiguas que nadie entiende. Agosto premia a los audaces, como hace la suerte. Esa biblioteca de Conde Casal estaba cerca del piso donde vivía, no sé en que régimen, la puta fumadora. No sé por qué regalé mi libro. Es que tenía muchos. La farola de mi calle da alas a la noche, para que esta se sonroje de vergüenza. Y los tulipanes ardieron con su color amarillo en las manos del codicioso.

 El día no favorece la imaginación. Las palomas son esa suerte de dolores sin alma. Yo ya me dejado llevar por la solitud, como decía Rodoreda. Esta escritora todo lo ponía mal, no creía en el ser humano o creía solo en su maldad. Hay gente que no se ha cultivado en la vida, no ha leído un libro, no sabe quién fue Lupercio Leonardo de Argensola. Acabo de leer las poesías de unos cuantos poetas. Hay uno que siempre está en camas ajenas y luego describe la despedida en un amanecer de ciudad, tranquilo y duro como el asfalto. Un día entré en una biblioteca de Conde Casal de mano de una fumadora y encontré allí a Lupercio Leonardo de Argensola, que vivió en Zaragoza hace 400 años. Luego, tuve que desandar lo andado. Los anaqueles de hierro de aquella biblioteca, no sé por qué, los recuerdo muy nítidos, qué hijas de puta son algunas.

 La línea de la cordura es fina en mi casa. Está apacible el día. Corre cierta brisa mañanera. En mis oídos suena una lavadora que da vueltas. Los días ya parecen chicle consumido y sin sabor. Debería estar escribiendo hasta muy tarde. Son todavía menos veinte. A saber qué habrá pasado ayer. Dice un tal Pla que iba con Argentina. Los indepes siguen y siguen. Write, go on, me dice una voz desde el otro extremo del Atlántico. Las vacaciones, por caras, a más de uno se le han acabado. Lo que no tiene ni principio ni término dura para siempre. Estará todo bien si todo acaba bien.  En Ceuta, la normalidad. Pero eso según el gobierno.

jueves, 6 de agosto de 2026

Ya casi es hora de ir a la calle. A ver a la gente, a charlar con nadie. Compro patatas y el cielo se enciende. He dormido bien, soy enfermo concluso. Pego una patada a la ignorancia y la ignorancia me da a mí treinta. La luna salió para nada, las luces de las farolas aumentaron la noche. Es un ir andando y mirando las cosas de la calle. Miró el sol por todos, generosamente se extendió por todos los barrios. Los cogotes de los pijos no son cogotes sino la parte posterior del cuello. Los niños atienden a una lógica: mamá me da. Pidamos a mamá. Todos los hombres que han dormido mal, hoy viven con dolor. Con el dolor del día que no acaba.