martes, 17 de diciembre de 2024

 Podría ser yo calificado de estricto en cuanto a lo moral, que no me gusta el consumismo y todo eso, pero viendo lo que han hecho otros con sus mayores, cómo han abusado de ellos, me considero no estricto sino un santo delante de ellos. A otros contarán sus tropelías y las justificarán como si fueran normales pero a nadie engañan. Yo he visto mandar como un perfecto señor feudal a sus mayores. Yo he oído cosas que me han entristecido, que casi no las puedo creer pero son ciertas. Me recuerdan a aquel personaje, Goriot, que salía en una novela y me llamó mucho la atención por lo increíble de su caso. Pero es verdad que ocurren estas cosas. Más de lo que nos creemos. Porque la avaricia humana no conoce padres ni hermanos. Hay que desconfiar de esas gentes que solo tienen deseo de cosas y no de almas. Hay que desconfiar del que desconfía porque si desconfía es por la manera que tiene de conducirse por la vida, que no es aceptada por muchos, sino solo por ellos que ven cualquier cosa que hacen, bien, aunque traiga la ruina a los demás. En fin. La gente que yo veo no me gusta, ni lo que han hecho ni lo que harán.

No roban, abusan.

Pero es lo mismo.

 Si piensas en el presente (la gente que te rodea, tus familiares, los amigos, personajes de la política, etc.) y lo analizas, puedes acertar a pensar en el futuro aunque la gente dice que la vida da muchas vueltas. Nos puede ocurrir de todo, es verdad, pero con la rutina por modo de vida, pocas cosas te pueden pasar. Y así, tiras la caña al futuro y piensas: ¿de quién estoy yo rodeado y qué me ofrecen estas gentes que me rodean? Hay que desconfiar de todo el mundo, es la idea que se saca. Me puliré todo el dinero que tengo en viajes por toda la geografía española en un futuro. Lo haré así. Me acostumbraré al autobús y veré ciudades como Torremolinos, Barbastro y Elche. Me montaré y viviré la vida en otro sitio, quizás, si me compro un piso en la costa. Veremos. El caso es pulirme todo el dinero antes de morir. Alguien me ayudará a gastarlo o, si no, lo gastaré yo por mi cuenta.

El dinero vale para vivir bien.

Yo lo gastaré para conocer mundo.

 Dentro de poco, estaremos en verano, en manga corta y a 35 grados a la sombra. Los que seguimos una rutina estricta, los que no nos vamos a Disney World París, los que no cogemos un avión a Cancún y los que nos sometemos al día a día, pensamos eso: que pronto será verano otra vez. La vida poco me ofrece, así que los días van rodados. Los que no tienen dinero para romper esa rutina, también se les hacen los años como un carrusel, todo lo mismo. Y así parece que estamos insertos en un mecanismo torpe y repetitivo que nada nos estimula. Y por eso pasan los días lentos pero los años rápidos. Como si estuvieras en una cárcel pero sin rejas. Y así va todo, a tal hora, tal actividad. Es como el día de la marmota. Es como si el escenario que ves en tu teatro no cambia y tuvieras siempre el mismo papel que desempeñar. Es como una esfera bendita hecha de días iguales, sin que ayer tenga algo que decir al hoy. Y todo depende del dinero u otras circunstancias que no son el dinero. Pero hay gente que tiene el dinero por encima de Dios. Pero siguen sin tener suficiente nunca.

El dinero: algo material que consigue cosas.

Dios: algo inmaterial que te comunica con lo sobrenatural.

 En El País, todos los días, hay una pequeña entrevista a una persona que destaca en algo o trabaja en un asunto especial. En El Mundo, todos los días, hay un pequeño reportaje sobre otra persona que también ha destacado por algo. Hay que aprovechar el tiempo presente haciendo cualquier cosa, como escribir un blog, ir de paseo bajo la luz pálida del otoño o hacer de flaneur por las calles a ver qué jipias. La vida consta de unas voluntades que se ajustan a otras voluntades, sean estas tus hijos, tu mujer o tu hermano. Pero de ahí no te escapas. Siempre hay que contar con las otras voluntades aunque sepas que esas voluntades, en un futuro, a lo mejor te complican la vida. No es que ya los niños tengan de todo, es que tiranizan a sus padres con sus exigencias y tabarras y gritos y berrinches. Y cuando crezcan, qué serán, qué especie de persona rara será ya habiendo sido su padre raro y pijo y tirano y perdonavidas. Cuando unos padres dan de todo a sus hijos ya saben lo que están haciendo: un monstruo que puede desequilibrar la paciencia, alterar el orden de la rutina, romper todo tipo de acuerdos entre personas. Pero es como hizo su padre antes con sus padres. Así que no hay que sorprenderse de que eduquen así a sus hijos.

Y dame y dame y dame.

Y si no me das, me lío a gritos.

 La falta de empatía y la falta de compasión por los demás es un hecho de nuestros días en generaciones que han sido educadas en el consumismo y que no conocen a Dios. Estos que digo han tenido de todo y todo lo han destrozado. No han agradecido todo lo que sus padres han hecho por ellos y han despreciado todas las oportunidades de ver al prójimo como alguien a quien tener que ayudar. El cristianismo les resbala, no han pisado una iglesia en su vida, así como tampoco han pisado el metro. Ven a la gente como una oportunidad de sacar tajada en este mundo y no les interesa nada de los demás si no sea para aprovecharse de ellos. Dan bastante asco estas generaciones. No saben o no quieren comunicarse con los demás y hablan con laconismos propios de gente de otra condición que la suya, a la que todo ha sido dado. No se han esforzado en su juventud o sí lo han hecho pero todavía exigen a los demás que no pregunten, que no saluden. Tratan a los demás como apestosos. No son pijos pero son peor que los pijos. No sabes de qué van. No sabes nada de ellos. Ellos no dicen nada. Que los zurzan.

Si no hay empatía y si no hay comunicación

de nada sirve saludar y ser amable.

 Hay gente que se cree alguien. Ha vivido una vida de lujo, no les ha faltado de nada y se creen con derecho de hablar con laconismos, con ocultaciones de su persona, como si fueran algo especial. Pero bueno. Ya tendrán sus días malos, no todo es pasarlo bien. Esta gente suele vestir muy a la moda y a seguir a su equipo de fútbol como si no hubiera otra cosa en el mundo. Esta gente trabaja como si solo ellos lo hicieran y dicen: vaya y qué tal como si te perdonaran la vida. Esta gente no ha sufrido nada en su vida, su vida ha sido un camino de rosas y ahora ganan un buen sueldo, invierten y hablan de esa manera que digo, no diciendo nada. Pero, ya digo, en esta vida se viene a sufrir aunque ellos han sufrido muy poquito, todo se les ha sido dado y hablan, ya digo, como si no se pudiera saber nada de ellos. Con su pan se lo coman. Son gente muy poco empática, lo de los demás le importa muy poco y llaman y dicen: ¿todo bien? y se creen que han cumplido con una obligación más importante que la misma persona a la que llaman. Todos esperamos en Dios menos estos que no creen en nada, solo en sí mismos y preservarse de decir nada de sí mismos.

Si no saludas ni siquiera,

¿Qué esperas de los demás?

lunes, 16 de diciembre de 2024

 Cuando los escritores están romos de ideas, empiezan con el surrealismo y lo llenan todo de árboles insomnes, de plantaciones enormes de cafetales al sol, de miasmas que se cuelan en los pechos de las señoritas, de ascensores donde viven diablos etéreos como el alquitrán fundido, de dolores de cabeza que huelen a colonia barata, de ministros que se bajan los pantalones en centros comerciales de las periferias, de monos que bailan encima de un ataúd lleno de gorriones vivos que pían enfurecidamente, de señoras grandilocuentes difíciles de escribir, de gatos borrachos que se cuelan por la puerta de una habitación donde hay un hombre desnudo y muerto, de la lujuria que no acierta a acomodarse en las braguetas de los enfermos mentales con pastillas, de grandes hombres que se parecen a Leonardo da Vinci pero que son unos grandes hombres que yo no veo por ningún lado, de habilidades sociales que se incrustan en el manillar de una bicicleta. Y luego, el lunes te mata, te aniquila, te vaporiza el alma.

Amanerado el mono que lanza palos al elefante en el zoo.

Manzanas ebrias de sol que caen a un infinito configurado por algún genio. Eso es lo que hay.