domingo, 4 de febrero de 2024

 Las ausencias que dejan los muebles desvencijados se llenan de otros seres en el atardecer. Como huéspedes absurdos recorren la casa medio abandonada. El no saber qué hacer se junta con el aburrimiento. Hay cine matutino que apunta fuerte. Ayer una señora mayor esperaba a otra, miraba su reloj y la otra no venía. Pero cuando vino, qué alegría. Se pusieron a hablar y hablar como si no hubiera otra cosa que hacer en la vida. El tuétano del bosque se colará por las rendijas hasta llenarlo todo de clorofila verde como sangre. El agua será también como la sangre, tan necesaria. Ya parece que la maldición de los indios de la pradera americana se va cumpliendo: ni comeremos dinero ni beberemos champán barato americano. La locura de romper mil veces la naturaleza ya se está cobrando su venganza. Coge el coche, lánzate a la carretera y no pares hasta haber matado un millón de insectos contra los faros. Y no es navidad pero puedes permitirte el lujo de ser feliz o, al menos sonreír.

El olor a ropa vieja y gastada nos atrapará no tardando.

Porque el verano es ya permanente como otra epidemia.

 He leído el diario. He leído de unos jóvenes a los que llaman "lobitos", que son becarios en unas empresas fuertes de auditorías. Luego he leído sobre la donación de cuerpos a la ciencia. Luego he leído sobre la destrucción de Pompeya, sobre la vejez de Biden y sobre Catar, un país muy moderno y muy rancio a la vez. La mañana ya va pasando. Los augurios de una sequía galopante recorre casi todo el país. No llueve. Siempre un sol que ya cansa, agota la vista y el cuerpo. Tengo miedo de perder la maravilla de tus ojos de estatua. Los días se quedan anclados en la pobre imaginación que no dice nada. El mar no fluye sus olas, la paloma se equivoca y el sol alumbra eterno. No vamos bien así. Es una pena comprobar que el aire es el de ayer, que no se mueve con la gracia del amor terreno.

Ni presunto ni confeso

ando por el camino tan tieso de hoy.

sábado, 3 de febrero de 2024

 El corazón pesa en obras agotadas. Ya todo cansa. Los árboles están lejos, muy lejos, en el fondo de la ciudad. Voy a ir al pequeño bosque de la decepción para arreglar los asuntos del alma. Qué febrero cubre la tierra. Parece que es un poco tarde pero el paseo de la vida ronda mi suerte. Poco a poco la mañana se levanta en armas contra la pereza del corazón. Es poco margen el que me queda para vivir continuamente alegre, así que iré, iré donde lo verde triunfa. Los pajarillos confunden el sol de ahora con el de la futura primavera. Un gran gasto de energía tiene lugar en las plantas y los animales. No saben que no es hora de aparearse ni de florecer. La naturaleza no tiene cultura ni calendario. Es triste ver esto: un árbol floreciendo en invierno. Vaya invierno primaveral tenemos.

Los soles se suceden diarios, se llena el día de luz intensa

para que todo se vea, para que todo se salga de la razón.

viernes, 2 de febrero de 2024

 Ya he bebido 3 vasos de agua porque me levanto con la boca seca. El hombre es una música con ecos que parecen decir que en el mundo hay una música que no oímos por el ruido imperante que hay en él. Parece que no, pero todo es ruido en el mundo. Ruido las noticias, ruido la política, ruido nosotros mismos quejándonos. La idea de que las estrellas hacen una música es antigua. Es una música que no está hecha para nuestros oídos, sino que nos trasciende. Hay una historia que empieza con sol y piedra. Es de uno que va a Benidorm y se le pone la piel roja. Y es de una piedra que rompe el cristal de su habitación con un mensaje: A las 3 en Joy. Y dijo el hombre: allá voy a Joy. Y en Joy no había nadie a las 3. Era demasiado pronto. El hombre esperó y esperó en Joy y no vino nadie. Cogió la piedra y la tiró al mar. Rompió la cabeza a un delfín y entró en prisión porque le aplicaron la nueva ley animal que no sé a quién se refiere exactamente.

Qué cosas tiene el mar:

maravillosas, únicas, célebres.

 Me levanto, voy a la cocina a por un vaso de leche con café, fumo un cigarrillo, me aseo, y ya estoy ejercitando la palabra. Me levanto un tanto confuso por las pastillas, pero puedo escribir más o menos algunos pensamientos. No me salen cosas de humor, no soy ningún Moliere o algún hermano Marx. Me salen cosas sobre la vida en general con un tono poético. Las nubes, este sol apabullante, la sequía, el mundo de los humanos y de las bestias, etc. Dicen que en un pueblo agrícola, los feligreses pidieron al cura que al siguiente domingo, pidiera a los santos que lloviera. Al domingo siguiente, el cura dijo a los feligreses: pero si ninguno de vosotros ha venido con paraguas. Qué poca fe tenéis en que llueva. La verdad es que, para que algo resulte propicio, se ha de tener fe en ello, no solo querer que suceda algo por el hecho de suceder.

Vino el milagro tan poco a mano,

que no pareció milagro.

jueves, 1 de febrero de 2024

 Hay un país para el desengañado. Es un país pobre y monótono. Las señales de vivir en ese país es que nada importa ya, todo es imposible. Las cuentas no salen, el vivir es difícil. Las palabras no encuentran unos oídos amigos, un amigo atento para ese desencantado modo de expresar su pobre verdad. La gente huye del desilusionado y se va a la playa a tostarse al sol. Es una pena vivir en el chasco continuo. Hay que poner la libertad encima de nuestros años para que esa libertad se agudice como la espada. Hay que volar alto, muy alto para que esa liberación ocurra debajo de nuestros pies hechos garras. La vida es un coñazo que hay que soportar y nada más. Me gustaría decir que la vida es espléndida y que me ha dado tanto pero no es verdad. Así que prefiero una verdad mala que no una mentira buena.

El caracol va muy despacio hacia el verdor de la hierba.

Así deberíamos ir nosotros por la vida: a la esperanza.

 Aquí escribo el azorado vuelo de las palabras. Y en ese vuelo, las palabras van continuando el cielo azul que nos envuelve a todos como una camisa. Este cielo azul de la infancia, decía el poeta en un bolsillo de la chaqueta, en un último azar de su vida. Los poemas surgen como pompas de jabón. Se alzan, tiemblan y súbitamente explotan. La manera que tengamos de vivir la vida, así serán los poemas que expresemos, que tengamos en la cabeza aunque no seamos poetas. Ya me he bebido 3 vasos de agua y he fumado 2 cigarrillos. La mañana flota como un barquito en una triste bañera. El amor que pude dar y doy es mi pequeña bandera. Todo se hace un imposible por pedir peras al olmo, por desear algo que se vuelve sed. La gente desayuna, habla, vive de su oficio. La gente apalea la verdad muchas veces. Mi historia no importa a nadie. Yo casi no tengo historia. Aunque es ya lejana la navidad, sé feliz porque quizás te lo merezcas.

Una lluvia caía sobre mi fervor de vivir, sobre las ambiciones humanas.

Las volvía mojadas, intensamente inútiles.