miércoles, 3 de marzo de 2021

 Este era un hombre que leyó una novela de crímenes. Estaba tan harto de la vida y de sus semejantes que pensó él mismo en cometer crímenes. Mató a un abuelo mientras paseaba y dejó la sota de copas encima de su cadáver. Luego mató a su mujer y dejó una peonza encima de su cadáver. Este hombre siguió viviendo en el mismo pueblo mientras cometía sus crímenes. Mató después a la tendera del pueblo y dejó un libro de bolsillo encima del cadáver. Hasta que le pillaron y le preguntaron por qué dejaba objetos encima de los cadáveres. Dijo que era para dar pistas a la policía de sus andanzas criminales. Cuando llegó a la cárcel, tenía una fama bien ganada de criminal en serie y todos los presos le temían. Él confesaba que todos los asesinatos que cometió fueron por puro aburrimiento. Le preguntaron que si en la cárcel se aburría y dijo que un montón. Todos los presos pensaron en ser su próxima víctima y en efecto, en la cárcel empezaron a darse muertes misteriosas mediante envenenamientos, cuchilladas certeras... El aburrimiento estaba actuando de nuevo.

martes, 2 de marzo de 2021

Hoy me ha dado por escribir un montón de blogs y todavía me queda este por escribir. He tenido un desencuentro con un amigo porque se creía con derecho a juzgarme. Luego he asistido a otros estúpidos momentos con gente que se supone que es válida intelectualmente; o sea, que no son tontos. Me he tenido que venir de la reunión porque todo el mundo me parecía inconveniente y grosero.

Luego, he llamado a ese amigo y le he dicho que por qué me ha juzgado cuando yo no lo he juzgado a él. Y luego me he tumbado a ver si se me pasaba tanto mal rollo de gente rara que he visto hoy (hacer cosas raras a gente que no es tonta sino que aparenta o quiere aparentar lo contrario). La gente de la asociación, esta tarde parecían niños chicos y ese amigo de esta tarde también se ha creído por encima de mí.

Bueno. Después de escribir esto, espero la llegada de Paco a ver qué me cuenta de esos de esta tarde que parecían modorros.

  

La primera lectura que se extrae de "El Quijote" es la de un hombre que no está a gusto con su vida y quiere fama por sus hechos, quiere resaltar su propio yo ante las circunstancias y ante los demás y ante Dios. ¿Podría ser que un hombre o mujer se volviera loco o loca escribiendo relatos y creyéndoselos? Sería otra modalidad. ¿Quién no ha soñado escribir algo que se convierta en tu propia realidad? Así como las novelas sentimentales hechas para las mujeres que las hacen vivir momentos únicos y que quieren que pasen en su vida.

Los profesores de literatura suelen mandar como ejercicio de redacción (o por lo menos, yo mandaba) construir una realidad única y esplendorosa de nuestra vida, cómo mejorar en ella, cómo un barrio inmundo se puede transformar en algo ilusionante para vivir. Casi todos mis alumnos lo conseguían leyendo. Yo lo consigo escribiendo historias y huyendo de mi realidad.

Yo no escribo de damas y caballeros. Yo no escribo de héroes o detectives sino de gente vulgar y corriente que se convierte en una ayuda para los demás.

Hay muchas formas de huir de la realidad si esta es fea. Hay que escoger alguna para poder, precisamente, vivir.


La gente se cree que porque estés contento con tu piso o con tu sueldo, ya estás contento con todo. La verdad es que hay personas que son así: aman las cosas materiales de este mundo o el dinero, de tal modo, que eso ya les hace felices. Acrecentar mil euros la cuenta corriente les pone muy animados y eufóricos. Son gente que no ha leído o no ha tenido una formación llamémosla espiritual o del cultivo del alma. Se mueven a ras del suelo como las lagartijas. La verdad es que para estar uno contento consigo mismo después de haber leído novelas de todo tipo es muy difícil. Es como el hidalgo que no se conforma con ser hidalgo sino que quiere ser caballero. He leído tantas cosas bonitas en las novelas, que me gustaría vivirlas, claro. Como no es posible eso, me gustaría comentarlas con alguien que las haya leído también. Como no es posible eso, las escribo en blog como este o en otros escritos emulando lo que leí algún día. Eso sí es posible y lo hago, pero lo que yo escribo es como una vela comparada con un relámpago.

Si no sabes ser lo que quieres ser, sufrirás el peor de los tormentos.

 He llegado a la conclusión de que mis novelas no valen mucho. He ido a ver a mi madre porque ayer le dolía una muela. Mi padre no la lleva al dentista Hoy le dolía menos. Es una muela destrozada del tiempo, un raigón oscuro y cariado. Se la deberían de sacar. Mi padre, sin embargo, se ha ido al banco. He comprado el pan y la que lo servía me ha dicho: "te veo". Yo le he preguntado: "¿Me vigilas?" Y ella ha dicho: "Eso, eso". Y ¿para qué me vigilará la del pan? No he querido preguntar más. Nos vigilan en este mundo desde dispositivos móviles. Nos vigilan las élites políticas a ver a quién vamos a votar. Nos vigila Dios, en último grado, a ver qué hacemos con nuestras vidas.

Es penoso vivir a veces cuando uno no acepta la manera de vivir que lleva. Quisiera yo vivir de acuerdo a cómo pensaba yo vivir cuando tenía 20 años, años en los cuales yo era feliz y despreocupado de todo.

Pero no. La vida nos pone en nuestro sitio.

Si no amas la vida, por lo menos, tenla algo de cariño.

Yo me he leído "La voluntad", de Azorín. No es un libro de autoayuda. No es un libro que hable de cosas muy transcendentes. Es un libro que habla de la relación del escritor con otras personas. Recuerdo que Azorín va a Madrid. Allí no encuentra el reconocimiento literario que busca. Pero va describiendo la ciudad. Yo me he leído "Niebla", de Unamuno. Allí cuenta la vida de un hombre que no llega a realizarse ni por medio del amor ni por otro medio. Al final, es un personaje en las manos del autor. 

La vida nos va enseñando que cada vez somos más pequeñitos y menos poderosos. Somos como una botella que se va vaciando, vaciando. Pero siempre queda nuestra esencia a la que no debemos traicionar.

Voy a pedir a un santo por el dolor de muelas de mi madre. Ayer se quejaba de ellas, de las muelas. A lo mejor voy a verla en un momento a ver qué tal le va.

Por muchos golpes que te dé la vida, tú procura por ti, tú lucha por ser tú mismo como siempre has sido. La vida es a modo de lucha, no de baile.

Me levanto por la mañana dudando de mis posibilidades. Sé que por la tarde estaré mejor. Quizás sean los efectos de las pastillas. Daré un paseo matutino con Paco o yo solo. No me meteré en ningún bar. Paco dice que ya somos muy mayores. No es que seamos mayores sino que estamos condicionados por una enfermedad. La vida se muestra ladina y escurridiza como una anguila que no hay quién la atrape. Suena la maquinilla de afeitar. Suena el silencio de la mañana. No suenan los pájaros. La mañana esta gris como la panza de un burro. Hay que comprar pan. Ayer me di un baño. Ayer no anduvimos el paseo acostumbrado. Hoy hay bacalao con patatas que cociné el domingo. Hoy es martes. Hoy parece que un rayo de sol se cuela entre las nubes. Hoy los álamos desnudos dejan ver su presencia austera. Hoy veremos a los de la asociación. Hay un pequeño milagro que se ejecuta por encima de los tejados y revuelve el día como una pequeña tormenta. Dicen que hay gente que no cree en los milagros y dicen que hay gente que cree que la vida misma es un milagro. ¿Seremos milagros cada uno de nosotros? A lo mejor sí, pues somos parte de la Creación. Vivamos pues de esa manera: milagrosamente, divinamente, como creados para un fin superior.