martes, 3 de diciembre de 2013

Beber es un gran placer, dice la canción pero a veces se convierte en un peaje que hay que pagar para estar en condiciones de afrontar un nuevo día y eso ya no es un placer.
Parece mentira a la edad en que se inician en el alcohol en España. Con trece años ya casi han sufrido su primera borrachera y si lo cogen con gusto, algunos ya se convierten en alcohólicos de por vida. Que asco la transigencia que hay en España con el alcohol. Cualquier fiesta, por pobre que sea, se riega con unos cuantos litros de jarabe de litrona.
Por las mañanas, raro es el bar que no despacha unos cuantos coñacs antes de entrar en el tajo y eso estaría bien si no se prolongara la toma de alcohol luego, a lo largo del día.
Yo no soy quién para juzgar conductas pero creo que la conducta alcohólica es de las peores que se puede echar uno a la cara porque a los alcohólicos se les agría el carácter, discuten por cualquier cosa y son, en definitiva, inaguantables. Un alcohólico en la familia puede destrozarla o volverla una olla de grillos.
Si no sabes beber,  no bebas; el mundo te lo agradecerá.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Los paisajes que vi en verano, mientras iba hacia Cádiz, me los imagino ahora en invierno: esos bares de carretera que ahora no tendrán tanto trajín (algún camionero que entra a desayunar y sigue la ruta), esos campos llenos de trigo que ahora aguantan la sementera, esas carreteras mismas que iban llenas de guiris buscando el sur y que ahora creo que no serán muy transitadas.
Me gustaría ir ahora en diciembre a Cádiz para verla a mi gusto, sin tanta gente y de otro color, del color del invierno.
Recuerdo aquel pueblo en que paramos a comer un plato de jamón y que fue fundado por los hermanos Quintero. El bar estaba atestado de hombres desocupados que pasaban la mañana charlando. También me acuerdo de ese pueblo que hay entre Sevilla y Cádiz y que se llama El Cuervo y fue donde paramos a comer y después nos sentamos a la puerta del restaurante a charlar, una charla muy amena y disfrutada por los tres que íbamos porque nos reímos mucho. Me imagino las calles del Puerto de Santa María, si en verano llenas, hoy medio vacías. La verdad que me gustaría dar una vuelta por allí; eso sí, el camino lo haría en coche porque es más entretenido.
Mi amigo Antonio dice que si los parados de este país no se dedicaran a las chapuzas mientras cobran el paro, este país estaría en guerra civil pues son seis millones de parados los que hay. Dice también que en España, el paro es estructural, o sea, que el paro está dentro del sistema y no hay quien lo quite.
Luego, hemos estado hablando de su propio trabajo que consiste en asesor lingüístico en una empresa de abogados. Él mismo se encargó de definir las responsabilidades de su propio puesto de trabajo pues él dice que asesores lingüísticos incluidos en una empresa, que él sepa, sólo conoce a otra persona en toda España.
El dice que tiene que velar de la calidad lingüística de todos los documentos que produce su empresa y para eso trabaja pero que eso implica dar cursos, hacer consultas, cuidar la ortografía, etc. No se lo pusieron fácil para contratarlo sino que antes tuvo que hacer un estudio de motu proprio para sus jefes y ante el descubrimiento de los fallos, los jefes le contrataron y crearon su puesto: asesor lingüístico.
Cuando queremos algo, nos vienen las mañas con qué conseguirlo.
Noviembre, en sus días finales, nos ha castigado con unas temperaturas propias del invierno: con grados bajo cero durante todo el día. En Rusia dicen que andan a 15 y 20 grados bajo cero y lo combaten con vodka. Después de los rusos, los españoles somos el país más bebedor pero en Rusia tienen justificación: el vodka es un equilibrante térmico como  aquí lo es el coñac pero aquí no está tan justificado el consumo de alcohol, como ya dijimos.
Las fiestas hacen también mucho por la labor alcohólica, pues este país es muy fiestero también.
Lo que no es de recibo es este frío que hemos pasado. Se han caído todas las hojas de los árboles de un día para otro, yo no recuerdo haber pasado tanto frío desde hace muchísimo tiempo. Estos días, El Corte Inglés se ha forrado a vender abrigos cuando este frío corresponde a diciembre y a enero. Este tiempo no hay quien lo entienda.
Por los Santos la nieve en los altos, pero en los altos. Que hagan algo los del clima, si no, no sabemos nunca a qué atenernos.
El oficio de escritor consiste en inventar. El estilo y todo lo demás puede estar de más si no se sabe crear algo interesante con que contentar al lector.
Antes, se escribía con respecto a un género, el sentimental, el gótico o de terror o con respecto a un movimiento literario amplio; por ejemplo, el realismo. El realismo ha perdurado en la novela pues todo lo que se escribe o casi todo parte de la realidad. Lo que no me gustan son las novelas históricas que desempolvan un misterio de un personaje histórico o una guerra que hubo muy antigua que a mí personalmente, me gusta leerlo de sus bases históricas; o sea, todos los textos históricos que haya sobre el tema aunque sé que el lenguaje histórico es muy arduo de leer, se hace algo pesado.
Todos los inventos que se hacen de monstruos, hobbits, brujos y toda esa parafernalia tampoco me gustan. Noto que no aprendo nada de ellos, nada más que trucos mágicos y chorradas por el estilo. Me gusta la novela que parte de una realidad y analiza esa realidad. Un día voy a escribir de un personaje al que la administración maltrata de mala manera, al estilo de "El proceso" de Kafka. Eso es realismo y casi ciencia ficción.
Las letras se aprenden y se practican leyendo y escribiendo. Dar discursos para engañar ya lo hacen lo políticos.
He leído "Moby Dick" de Herman Melville. Al principio,la novela es muy interesante por la situación de Ismael, que es el que cuenta la historia y es muy poético ese vagabundear de este personaje por la ciudad de Nantucket buscando un barco en el que alistarse. Hay referencias a lo clásico, aunque no dejará de haberlas, y referencias a la Biblia.
En la posada donde Ismael se recoge una noche esperando la tripulación de un barco ballenero, le hacen dormir con un nativo de las islas que tiene una religión espiritista y la novela sigue teniendo interés por la novedad.
Cuando van a hacerse a la mar toda la tripulación, hay algo que yo no entendí: no hay capitán en el barco o no sé que lío hay con el hecho de que no hay mando mayor en el barco. El caso es que empieza el misterio sobre la capitán Ahab, que está más loco que una cabra. 
Luego la acción se pospone porque se hace un estudio de las ballenas, de los oficios de los balleneros y solo al final de la novela tiene el encuentro entre Ahab y Moby Dick. Está tan demorado este encuentro, que la novela se hace un poco pesada, con descripciones, narraciones, etc.
Ayer, charlando con una amiga, me dijo que escribir es un entretenimiento, que no se le puede considerar trabajo. Pues yo me marqué un horario como el de un trabajo el año pasado y he dejado una novela casi finiquitada. Me faltan unos detalles que tengo que modelar y la presentaré a un premio literario y si gano el premio, ya veremos luego.
Escribir es tan pesado como un trabajo porque no siempre se tiene ganas de escribir pero hay que cumplir con el desarrollo de unas líneas para que no se resienta el trabajo diario y la novela avance.
Lo malo es que al repasar esa novela he visto fallos que hay que restañar y he dejado que repose la obra un par de meses o tres para que la próxima vez que lo retome, la acabe de una vez. Lo he hecho porque es un consejo que daba en internet un novelista y parecía tener razón ya que yo, últimamente, al obsesionarme con esa novela no conseguía nada. Tengo otra empezada y veré de seguir con ella para tener dos haciéndose.
Deja a las musas preñadas.