domingo, 7 de enero de 2024

 Tengo un vaso lleno de agua a mis pies para bebérmelo cuando termine de escribir esto. Si vives moderadamente y con sencillez, puedes vivir mucho tiempo a gusto. Si vives envidiando lo de los demás y con un hormiguillo que no te deja disfrutar de lo tuyo por encapricharte de lo ajeno, no vives a gusto. Quieres ser ese que no eres y así, no eres auténtico. Le pasa a mucha gente. Viven con sus cabezas dando vueltas a lo que disfrutan los demás quizás porque lo intuyen o lo viven gracias a unos amigos ricos que se tienen. Se ven en vacaciones y entran en su mundo pero al cabo de una semana los tienen que decir adiós a esos amigos ricos. Y esta despedida duele mucho porque es como si les expulsaran del paraíso. Y están dale que dale comprando cosas caras para parecer otros y así, nunca son auténticos. Tienen un sentimiento de desterrados de la riqueza y la opulencia y no viven bien. No hacen buenas digestiones.

Basta de razas ubérrimas, de razas fecundas

porque lo que hay son razas ignorantes y envidiosas. 


 Este sol como de primavera, tan insistente, no me gusta porque no me hace recordar o reconocer el invierno. El frío no lo quiere nadie pero yo quiero la lluvia o la nieve que refrescan la sequedad del ambiente. Yo tengo un amigo que dice con mucha solemnidad que este mundo es el paso al siguiente, imperecedero. Lo dice con tanta convicción que casi te lo crees o te lo crees del todo. No sé las palabras que usa para decirlo, deben de ser de algún catecismo. Es como si de pasar frío o muchísimo calor aquí, en este mundo efímero, se pasara a otro con unas condiciones en las que se está muy a gusto, como en las mansiones del Olimpo o en el cielo anunciado por tantos santos que ha habido. La descripción del cielo no sé quién la habrá hecho. Pero es que esa descripción se hace en la Tierra (muero porque no muero) o se hace por haber experimentado la gloria santa en este mundo antes de contemplarla para siempre. Dios nos deje contemplar su rostro. Es el consuelo que tenemos aquí en la Tierra.

Pasaron trenes cargados de soldados a la guerra

para que la guerra no se parara ni tampoco su error.            

sábado, 6 de enero de 2024

 Una total incongruencia recorre mi espíritu. Yo no soy el que quiero ser. Yo quiero estar en otro sitio. Móstoles se despereza de la cabalgata de ayer. Los reyes trajeron juguetes a todos los niños. Qué bien. Qué bonito. Hoy hace un vientecillo frío y desalentador como el mismo día. Atmósfera y horas de la mañana se funden en un abrazo fresco. El tiempo es ese que nos dicta el calor y nos hace vivir. El tiempo fluye como el vientecillo de la libertad nos sumerge en la vida. El tiempo es ese que va sacudiendo nuestra vejez futura hasta hacerla un presente más o menos habitable. No somos nada ni nadie. Hoy estás y mañana, no. Eso hay que tenerlo en cuenta. Los vicios más asquerosos de soportar son los de los demás. Los grandes conversadores perdonavidas ya no tienen nada que hacer sobre la faz de la Tierra. La avaricia pura vence. No sé si acostarme un poquito, otro poquito. No, no lo haré pues ya es tarde en la mañana.

Después de desnudarse y vestirse con arena, 

salió de allí, oliendo a frescas algas marinas.

 Vivan las mentiras y el disparate. Los ministros desacreditan España allá donde van. El presidente miente. Si el cura va a peces, etcétera. Los personajes que orbitan el poder son tan inútiles como el poder mismo. No es inútil el poder, sino oportunista. Cuatro años de sinrazón por aliarse en los menos votados. La vida va pasando, pasando como un hilo de lana va haciendo un jersey. La vida tiene sentido como lo tiene el jersey. La vida será un juego de poder o será lo que quiera la mayoría. La pena es que ya está formado el gobierno o el desgobierno que hay ahora. Todos queremos que gobierne el más votado pero no es así nunca. El que gobierna es el más repelente de los políticos, el que más guerra dio, el más delincuente. Qué asco de poder. Qué asco de democracia. Ya no es navidad. Ya puedes llorar todo lo que quieras. Yo procuraré no hacerlo.

La luz es un ave que se quema, que añade claridad a las cosas

para que todo el mundo se dé cuenta del otro mundo.

 Dejadme traspasar el espejo y llegar así adonde ni siquiera el suspiro es posible. No nos dejan quejarnos porque nos imponen los hechos con la terquedad del que manda. No nos podemos ir de esta isla de náufragos tristes porque ya todo está hecho conforme a una estrella del poder establecida. Y todo se cumplirá, queramos o no queramos. Maquiavélicos hilos de araña se tenderán afanosamente para que no podamos decir nada, hacer nada, gritar nada. La gente saldrá a la calle igual que el día de antes pero todo habrá cambiado para mal, todo será ya distinto en este reino de los mediocres. Los jefes pequeños ya están imponiendo estupideces a todos los ciudadanos y el jefe grande ya piensa en el poder como aspiración legítima de su persona. Ya se está acabando la navidad. Ya puedes entristecerte lo más que puedas. Yo procuraré no hacerlo.

Es un trozo tan alto de fatigas que dan ganas de no salir a la plaza,

de quedarse en casa conversando con una pared.

viernes, 5 de enero de 2024

 He ido a la cafetería a leer el periódico. Ahora no me acuerdo de casi nada de lo que he leído. Solo me acuerdo de una noticia que decía que una señora que trabajaba con presas que estaban en exclusión social, las ha desfalcado, ha desfalcado a la organización que velaba por ellas. Ha ocurrido en Valencia. La oenegés mueven mucho dinero, parece ser. El otro día compré para Paco "El jueves", que es de humor, de humor de izquierdas pero que algo se aprende de sus chistes. Como siempre, no sé si la luna salió llena o menguante esta noche, no sé si la gente se refugia adecuadamente de la política que sufrimos, no sé si vamos bien o mal en el paso que marca la historia. Solo sé que no sé nada o que dudo de todo. La vida ya es un interrogante tan grande que amenaza incluirnos en él para siempre, que parece que nos deja como tontos ante lo que está pasando. Nadie sabe ya nada. Solo que va a morir, solo que va a morir.

El despacioso andar de tu cuerpo hacia la vida 

trae como un rumor de inocencia, de no saber qué estrella brilla.

 La claridad del día ya hace que olvidemos el día lluvioso de ayer. La lluvia ya no es compañera fiel, enseguida se va y nos deja sin la humedad precisa. Sale el sol triunfante otra vez y lo mancha todo de color amarillo: las paredes, el tronco de los árboles, las puertas. Hasta el viento es amarillo y seco este día de sol. En Europa, al norte de los Pirineos, hay riadas de agua fuerte, hay nieves, hay muchísimo frío que dicen que vendrá para acá en forma de una masa helada del ártico. Pero no la vemos. Han dicho que ya va a nevar en las cumbres. A ver si es verdad y las montañas se cubren de un sombrerete blanco. Yo me limito a dudar, dudo mucho últimamente. No sé si las cosas van bien o mal, o si debería salir a la calle a defender la democracia, o si debería leerme ya esa novela que se me alarga en el tiempo y no la concluyo. Los días especiales han pasado ya y viene la rutina de los días ordinarios. No he recibido regalo alguno, pero sí he hecho algún regalo. Mañana sábado quizás quede con mis amigos y lo pase bien. No lo sé.

Por la mañanita fresca de enero viene la gripe,

y los reyes magos por el oriente.