jueves, 31 de agosto de 2023

 Los que viven felices no reconocen sus errores, pues reconocerlos sería desagraviar al prójimo al que se ha hecho daño. Van fastidiando la vida a los demás cometiendo delitos contra ellos y, cuando se les recuerda lo que hicieron dicen: ah, eso. Y siguen a lo suyo. Lo suyo puede ser robar, incordiar, obligar a alguien a hacer algo contra su voluntad, etc. Son lo que se llaman, modernamente, narcisistas o psicópatas, pero ellos, a lo suyo, a joder al prójimo como si el prójimo fuera un títere. Son tan soberbios que solo creen que existen ellos, que los demás son una especie de muñecos con los que jugar y divertirse. Pero les sale la jugada mal al final porque serán menospreciados a la larga por todo el mundo que conoce sus fechorías, que ha sufrido su desdén arbitrario y soberbio. En fin. Todos los queremos lejos a esta legión de gente que afea la vida, que daña el paisaje con su sola presencia.

-Parece una mosquita muerta esa que viene por ahí.

-No la conoces.

 Hay gente desagradable, de la que todo el mundo huye. Ya sea por su continente chulesco o imperioso o por sus hechos, que dan que hablar. Esta gente que se queja de todo, intenta mandar en todo y en todos, se hace muy repudiada. Tienen mucha soberbia y, si han hecho a alguien daño, no lo reconocen y siguen a lo suyo, a meterse donde no les llaman. Pero hay una cosa que se llama fama y, como estos cojan fama de que todo lo rompen y lo descuartizan, ni los quiere ver nadie ni oírlos, por el temor que existe a que quieran arreglarte la vida. Y es que no los quiere ver nadie ni en pintura por si la pintura se echara a andar. Son gente altanera, soberbia y realmente asquerosa, de la que maldecirás haberla conocido.

Huye, huye de esos que te dicen que tienes una mancha en la camisa.

Huye porque encontrarán otras manchas más adelante.

El corazón es de uno solo y así late, a la manera del que lo encierra tras sus costillas. Hay gente con suerte, a la que ni la enfermedad ni la mala fortuna les atañe, casi siempre están felices y alegres. Y si les pasa cualquier cosa saben disimularlo, porque, a la par de gente con suerte, son sibilinos para hablar de sí mismos. No se sabe nada de ellos ni ellos cuentan nada de sí mismos, como si comunicarlo trajera el infortunio. Son gente, por lo común, que se hace desagradable a los demás, pero ellos dicen, como el poeta: ande yo caliente y ríase la gente. En verdad son gente con suerte pues nada les afecta ni les pasa. A lo mejor se quedan calvos y se ponen un peluquín tan a propósito, que nadie les nota nada y parecen más jóvenes que con su pelo natural. Hay mucha gente así, no cabe duda.

Andando, andando se encuentran cosas,

la vida se nos pasa como cualquier cosa.

Qué tendrá el pollo o qué comerá, que se reduce a un tercio de su volumen en la olla. Se queda en nada. Le he añadido, como a todo guiso que hago, pimienta blanca y tomillo. Espero que esté bueno pues todavía está friendo o cociéndose, no sé. He echado dos cabezas de ajos pues a mí los ajos me encantan y un chorro abundante de vino blanco. Huele bien, así que mejor sabrá. Le he dejado a fuego suave y que se vaya haciendo. Pronto, Paco y yo a comer. La vida surge detrás de una esquina para apuñalarte la mañana o la tarde, siempre es así. La vida se empalaga de un dulzor fuerte para otros, no para mí. El corazón de cada uno late, precisamente, para cada uno y no hay más que decir.

Abracadabrantemente surge el miedo a vivir.

y dura es la batalla, dura es.

La verdad es que he encontrado el pasaje en el que Sancho se burla en demasía de su señor. Iban de noche los dos y oyeron gran ruido y Don Quijote creía que se trataba de una gran aventura. Cogió Sancho un gran miedo de esos ruidos y ató las patas de Rocinante de modo que Don quijote no puede ir a la aventura. Salió el sol y descubren los dos que se trataba de unos batanes (artefacto hidráulico). Sancho se burla y Don Quijote queda corrido (avergonzado). Pero tanto dura la burla de Sancho que Don Quijote le arrea en las espaldas, que si le da en la cabeza le mata. Está muy bien montada la "aventura" esta y así da muestras Cervantes de ser un gran narrador, manteniendo el suspenso hasta el final. La verdad es que yo creía que el pasaje en cuestión sucedía porque Sancho se toma a la ligera algún precepto de la andante caballería o se mete vulgarmente con la querida Dulcinea y de ahí, la furia de Don Quijote y el mandarle callar a Sancho. Pero no es así. Si yo fuera Cervantes, habría aprovechado la larga lengua de Sancho para enfadar a Don Quijote con alguna metedura de pata. Y no quita que sí exista ese lance entre los dos pero yo no lo he hallado. Seguiré leyendo a ver si encuentro ese episodio en que Sancho pierde la compostura que debe a su amo. Y después, cómo ruega a su amo que le deje hablar pues si no, muere de hastío.

Luchar y luchar contra esta nube negra que se ha puesto

en torno a mi cabeza huera de alumbramientos dichosos.


Hoy toca hacer un pollastro al ajillo. El pollo era grande y le pedí al carnicero que me lo partiera en trozos pequeños para guisar. Ya le he salado y dejado a la intemperie, al aire de la cocina, para que se temple antes de echarlo a la olla. También he pelado dos cabezas de ajo y habrá que pelar los dientes del mismo para luego cortarlo y echarlo a la olla. Con esta tarea mataré el tiempo de una a dos. Ya saben en este blog lo partidario que soy de matar el tiempo, estamos condenados a matar el tiempo. Todos. No solo los que nos aburrimos en la vida diaria. Todos tenemos tiempo o tiempos que matar. Voy a leer el Quijote antes de meterme en faena a ver si encuentro el pasaje en el que Don Quijote le arrea a Sancho en la cabeza por hablar de más y así mato otro poco de tiempo.

Aplauden las nubes y el sol

a un día reposado y feliz.

miércoles, 30 de agosto de 2023

He estado todo el rato tumbado porque dicen que la relajación es buena para la depresión pero no he dejado de pensar cosas deprimentes: mi familia, los días iguales, la frustración de no haberme divertido este verano, mi propio menosprecio, mi falta de ganas de hacer nada, no saber disfrutar de la vida, no estar alegre. Luego he intentado revertir esas ideas negativas: mi familia es como es, nadie la va a cambiar, es como un club privado de gente especial, no debo menospreciarme pues hay gente peor que yo, que reniega de todo. Los días iguales no los puedo cambiar pero puedo hacer pequeñas cosas que me saquen de la monotonía. Este verano ya ha pasado y si no estoy alegre es porque tengo una enfermedad mental que me lo impide. Después de todo, tengo más coraje que algunos que no sufren esta enfermedad y no se ríen ni para atrás. Ya tendré ganas de hacer cosas en septiembre cuando todo se normalice. Pero no estoy bien. Me lo noto. Confiaré en el tiempo y en mi propia inteligencia para acabar con este estado.

Nubes pasan por el cielo, nubes altas 

que no conciernen al suelo.