viernes, 10 de junio de 2022

 Acabo de leer en un manual de literatura sobre Carlos Edmundo de Ory. Fundó algo extraño en España. Fundó el postismo. De Ory es una persona que a mí me fascina mucho porque significó una novedad en la poesía de los años 40, una persona que vivió siempre en pensiones (lo vi en un documental) y que está emparentado poéticamente con Arrabal y otros versos libres de la literatura. De Ory fue (no sé si ha muerto) un tipo que añadió una dosis importante de humor a la poesía y eso es ya de agradecer. Destapó el surrealismo, el dadaísmo y otras vanguardias de principios del siglo XX para aportar una novedad a la poesía que se hacía en aquella época de vencedores y vencidos. "Los papeles de Sans Armadans", revista fundada por Cela, publicó poesías suyas y son muy buenas. Yo quiero hacer una poesía a la manera de De Ory. A ver si me sale:

Corren locos por agrestes bosques

dando voces,

se persiguen unos a otros:

dejadlos. Su locura se la deben a este mundo.

Este mundo es de locos, dicen unos.

Locos somos y viciosos del dinero o del tabaco.

Dejadnos ser locos, por favor. Locura santa es la nuestra.

 Horacio, en sus Odas, habló del "aurea mediocritas" que es conformarse un tipo con la medianía de su vida sin envidia ni codicia. Yo no soy codicioso, piense y diga lo que quiera cualquiera. Antes, era envidioso, pero ya no lo soy. Me conformo ya con vivir mi vida, sea esta como sea. Y si no puedo ir de vacaciones, me da igual. Resulta que estoy ya muy calmado de antiguas ansiedades y penas que me atenazaban la mente y el corazón. No codicio nada más que comer y estar bajo techo de estos malditos calores. Ya no envidio a aquel que se va a Tarifa o a Castellón. Yo, con un libro, puedo irme mucho más lejos. No sé lo que podría yo codiciar porque no codicio nada. Me valgo por mí mismo para pasar el rato y las conversaciones hueras las dejo de lado porque no me aportan nada. Doy mis paseos, voy a la biblioteca, tengo amigos que me pueden dar conversación sin ocultaciones ni majaderías de ese tipo, vivo feliz porque ni calzo estrecho ni trago ancho. Cátame dichoso, dicho y hecho.

 El otro día me decía un tipo que algún día sería feliz. Yo no le quise contradecir. Solo le pregunté si ese día era lejano en el tiempo o podría sobrevenir en estos meses de calor que llevamos. Me dijo que sería feliz en el otoño que se avecinaba, que él solo aspiraba a sobrevivir este verano de la forma que fuera y en otoño, ya con las hojas caídas y el ramerío desnudo, alcanzaría la dicha de ser un hombre centrado, coherente y con muchas ganas de vivir. Le dije yo que el verano era una estación propicia a desahogos sentimentales y corporales, que la gente, en verano, hace amigos, compañeros de cama y otras componendas que podrían beneficiar a su vida. Él me dijo que el verano es un espejismo para turistas pobres de imaginación, para trasnochadores tristes y para putas muy necesitadas de dinero. Y dijo que el verano suyo consistía en estar encerrado en casa viendo pasar las horas. Vale, dije yo, pero hay que ser feliz en todo momento, ¿no? No, dijo secamente. Solo cuando las condiciones atmosféricas lo propicien.

 Nadie se va a leer El Quijote cuando existen las obras de Stephen King o de otros maestros del terror, la violencia gratuita o el suspense. La gente quiere muertes violentas, polvos estratosféricos en camas de sábanas de seda, vicios, torturas, degradación de los personajes hasta las miserias más hondas del ser humano. En la vida, nos enfrentamos también a una serie de personas que son malas, que intentan manipularnos, que entran en nuestra intimidad para hacernos daño. Las locuras de la gente están ahí y muchos matrimonios, familias se han roto por dos o tres de esos miembros que abusan de los demás y encima dicen que son los demás los que hacen daño y encima se presentan en la sociedad como víctimas cuando son los verdugos de seres inocentes que se callan por no enfrentar a la familia. Estos personajes no dudan en entrar en casas ajenas, robar llaves, mentir, ofender al ya ofendido, echar la culpa a sus víctimas, robar textos escritos por un miembro de la familia por toda la cara. Son mentirosos, ladrones, allanadores de moradas... Toda una muestra que podría caber en una novela de estas que hablé al principio.

 Voy aceptando cada vez más la vida junto con Paco. Somos dos hermanos que han llegado a convivir sin disputas ni malos humos. Aislados, sí, pero bien avenidos. Mi familia está hecha de grupúsculos que amontonan a dos o tres personas o solo una persona. Los problemas de cada grupúsculo es, en esencia, el problema de cada grupúsculo: en los problemas de cada compartimento estanco no entra nadie. Hubo miembros de mi familia que, en mitad de un problema de Paco y de mí, robaron pertenencias nuestras que luego aparecieron. Es mejor, por lo tanto, no tener problemas porque otra parte de la familia los aprovecha para hacernos mal. Eso sucedió así y Dios castigará a esos miembros de mi familia porque Dios todo lo ve. Paco y yo tuvimos que poner remedios o impedimentos a esos dos de mi familia como poner una alarma en casa. Esos dos de mi familia pasan por ser modélicos a los ojos de los demás pero para Paco y para mí son de la peor calaña.

miércoles, 8 de junio de 2022

La vida tiende (según Paco y mi prima Rosa) a que los familiares nos distanciemos. Ya no tenemos tiempo para ver a los padres, a los abuelos ni a los hijos. Por eso las conversaciones entre familiares ya no me gustan, no me ofrecen nada, ocultan más de lo que muestran y por eso no me gustan. La gente ya no es sincera. Yo soy sincero si digo que no me gusta hablar con mis familiares pero ellos son insinceros en cuanto ocultan. El otro día me encontré con un sobrino que dijo "bien" cuando le preguntas que tal estás. Veníamos paseando y yo me había enterado de un accidente de uno del pueblo en pleno casco urbano. Mi sobrino se sorprendió de que yo supiera de ese accidente. ¿Es que solo mi sobrino tiene derecho a saber cosas del pueblo? ¿Es suyo el pueblo donde yo nací? Además, habló de un tal Toño como si le conociera de toda la vida. A mí me dio la impresión de eso: que quieren ocultar información a mala leche. No creo que la relación con mis familiares vaya a mejorar. No dan datos, no se muestran sinceros y así, yo no quiero hablar con ellos. Solo lo necesario.

 Ahora leo libros de mi propia biblioteca: manuales de literatura, antiguas novelas, obras de la Edad Media y también la Biblia y El Quijote. He leído en el evangelio que nuestro patrón Santiago y su hermano Juan eran como el trueno, tenían mucha impulsividad. A mí no me gusta la gente impulsiva. Yo creo que no lo soy. Por las putadas que me han hecho los de mi propia familia podría haber saltado insultándolos o mandándolos a la mierda y no lo he hecho. Me he callado. Solo los he llamado ladrones por wasap, que es lo que son. Así que yo me aguanto y me callo. Pero dice un refrán: ten cuidado del enfado del bueno. Y es que tanto tiempo callado llega un momento que cualquier cosilla te enfurece. Yo me enfurecí el verano pasado y mi hermana dijo que no me pedía perdón porque eso no era nada. Eso fue una semana de depresión que me tiré en el pueblo. Pero bueno. Yo soy creyente. Quiere eso decir que creo en el cielo, en el infierno y en el purgatorio. Cuando mueran, pagarán sus ocultos delitos y pecados. Vaya que sí. A lo mejor no son conscientes del daño que han hecho pero Dios sí.