martes, 19 de septiembre de 2017

Yo debo ser un alma inquieta pues sueño con sitios lejanos, imagino historias con palabras, deseo conocer gente nueva. Deseo también la mezcla de estas tres cosas: escribir sobre sitios lejanos, conocerlos y charlar con gente nueva de esos sitios y esas historias que he creado o crearé con palabras. Todo bulle en mi interior y no he conocido a nadie con el que hablar de semejantes cosas. Me siento solo con mis inquietudes. Internet no me ofrece la oportunidad de conocer gente nueva pues esa gente solo desea el amor o el sexo y yo lo que deseo es el compartir historias o ideas del mundo frente a una taza de café. Yo soy quizás un intelectual sin intelectuales al lado. Por lo tanto mis ideas se diluyen en mi propia cabeza una vez pensadas. Yo me monto un mundo de ideas, palabras, historias creadas, deseos que no tienen fin pues la imaginación es fértil en la soledad pero no tengo con quién contrastar tales deseos o ideas o historias. La gente solo piensa en compartir la vida pero no los pensamientos. La gente quiere estar al lado de otra persona pero solo por el hecho de estar al lado de otra persona. La soledad es muy mala pero hay que gestionarla. Me daré un paseo hoy para ahuyentar la soledad porque el camino en el que se pierden los pasos reblandece la soledad y la transporta a algún lado.
Me está pasando lo que creo que pasa a los que llegan a la cuarentena y no se han casado o se han divorciado: su horizonte vital se ve reducido porque no tienen amigos, añoran una realidad del pasado en la que podían contar sus inquietudes y sus logros ante una audiencia que les hacía caso. Ya no hay nada de eso. Hemos perdido todos los amigos porque estos sí se han casado y tienen un proyecto futuro alejado de nosotros y además, es muy difícil hacer amigos llegada una edad. Entonces, hay que lidiar con la soledad impuesta, con la soledad que se ha ido almacenando con los años de perder amigos que forman parte de un pasado o un presente en el que no se puede contar con ellos. Hay que vivir solo porque quizás ya hemos perdido a nuestros padres, nuestros hermanos ya no están en nuestra órbita vital y los posibles amigos están en un limbo llamado internet al que no acudimos por desconfianza o por miedo. Repito: toca ser robinsones de la ciudad o el pueblo donde vivamos. Algunas conversaciones casuales nos hacen aterrizar en el mundo por unos momentos. Conversaciones con vecinos, con familiares etc. pero no nos ofrecen esas conversaciones la alegría que nos ofrecían aquellas del instituto, la universidad, el trabajo aquel que desempeñamos hace tiempo.
¿Qué hacer? Creo que debemos adueñarnos de nuestra soledad, hacerla nuestra y exprimir lo que tenga de bueno. El buey suelto, bien se lame, dice el refrán. Hagamos lo que nos dé la gana pues nadie va a pedirnos explicaciones de nuestra conducta. Pasémoslo bien aunque no tengamos un público que nos halague y nos diga que buenos somos. Practiquemos cosas sencillas como dar un paseo, hacer fotos, escribir, ir a Madrid... Sorprendámonos a nosotros mismos haciendo cosas valiosas como una novela. Organicemos nuestro tiempo como queramos y saquemos provecho de él. La soledad favorece el pensamiento y cuanto más pienses, más ideas vas a sacar para hacer y divertirte. Y, que no se me olvide, si no puedes reír, al menos sonríe.
Yo, a lo largo de mi vida como profesor, me he tenido que adaptar a, al menos, 17 institutos diferentes en veinte años. Yo era interino y seguí siéndolo hasta casi el final. Leo en un periódico que en la educación, uno de cada cuatro profesores son interinos. ¿Cómo va a funcionar bien la educación con esta variable tan mala en la que muchos están de paso en los institutos? Así no puede funcionar bien la educación. Porque el interino no está centrado, no tiene historia, solo sustituye. Ya es hora de que la administración educativa haga un esfuerzo para que no haya tanta interinidad. La interinidad crea injusticia en los institutos en los que el interino carga con lo peor y el profesor antiguo se deshace de carga lectiva. ¿Cuándo va a llegar el interino a la situación de un profesor antiguo? Cuando esté a punto de jubilarse, a los sesenta pues se ha tirado hasta los cuarenta y pico de interino y opositando. Una injusticia. Mientras, el profesor antiguo se va quitando tarea que endosa al nuevo, al interino, el interino sufre por sacarse una plaza que obtiene a los cuarenta, cuando ya se ha recorrido toda la comunidad de Madrid sustituyendo. Qué pena. Y luego echan la culpa a los chavales, a los padres, a los profesores. La administración debería mirar qué está haciendo.
"El sí de las niñas" es una obra de Moratín hijo que tuvo mucho éxito en las tablas. Es una obra sencilla que trata de una sobrina que van a casar con su tío viejo. Es horrendo pensar en tal casamiento, como le pareció a Moratín. Pero lo bueno de esta obra es el equilibrio que hay en ella. Transcurre en un día, en un solo escenario y también tiene unidad de acción. La acción es muy clara. Es una joya de la literatura neoclásica que quiso romper con el teatro fantástico y absurdo que había en aquel entonces. Sería un trabajo ingente cultivar el gusto de la gente actual con obras que llevaran mesura, enjundia y realismo al cine, a la televisión y a la literatura. No hay más que zombis, enajenados que ponen bombas, crímenes horrendos y sofisticados en la escena actual. No hay quien vea una película como Dios manda en la televisión, que tenga la medida del hombre: todos son exageraciones a cada cual más brutal. El buen gusto se perdió hace ya mucho tiempo y los monstruos abundan en todos los lados. El hombre no quiere al hombre en el arte: quiere violencia sofisticada y mucha acción que sonroja la inteligencia. Hemos llegado a la estupidez por la estupidez en la creación de historias. Es hora de contar la realidad del modo más claro, sin asesinatos, sin zombis, sin estúpidas persecuciones de coches. Nadie hay que escriba el guion de una película que llegue al corazón del ser humano. Yo, si pudiera, acabaría con estas películas pero no estamos en 1806, año del estreno de "El sí de las niñas".
El Escorial es muy bonito porque parece que te habla la piedra. En Toledo, cuando vas por las callejuelas, también te hablan los siglos. En Alcalá de Henares y en la Salamanca del Tormes te hablan las leyendas, las universidades, el Lazarillo, Cervantes que estudió en la ciudad madrileña y tantos otros escritores renacentistas que blandieron su pluma para quejarse o para crear otro mundo porque este no les gustaba. Me gusta el Renacimiento: se dieron en esa época el descubrimiento de los clásicos y su renovación y también un modo optimista de ver el mundo, un modo culto de ver las cosas. La primera parte del Quijote obedece a ese ideal de que las cosas tienen arreglo, de que la vida es bonita. Luego llegaría el barroco y la vida se sumió en un caos que Dios creaba para su desentrañamiento, su sutil análisis inteligente. Así son "Los sueños" de Quevedo y otras obras en prosa del autor, en las que todo está enmarañado, todo el mundo engaña. Me parece que vivimos un barroco en el que todo está mezclado y nada es lo que parece. La sinceridad y la verdad se han aparcado en un parking subterráneo y no salen a la luz nunca. Qué falta nos hacía un renacimiento de las ideas, de los cargos, de los que gobiernan, de la literatura, del amor y del hombre y la mujer que hoy en día están sumidos en un caos de confusión, de engaño, de divorcio continuo, de las pocas ganas de mostrarse tal cual uno es.





Me fastidia levantarme tarde. Pero así fumo menos y estoy descansado. Pero la mañana se me va. Este ritmo de sueño se debe a la relajación del verano. Pero dejémonos de particularidades sobre el sueño y analicemos un libro sobre Jung que ha caído en mis manos: es un libro de kiosco que pretende la divulgación clara del pensamiento del psiquiatra. Me ha gustado mucho porque habla del símbolo, de los tipos de personalidad que hay entre los seres humanos, sobre el análisis, no la interpretación, de los sueños y se compara a Jung con Freud. Freud era más ortodoxo, más frío que Jung en el análisis de la mente humana. Jung se interesó por un montón de disciplinas incluida la parapsicología. Todavía es verano. Mañana o pasado entrará el otoño y dicen que va a venir una racha buena para los escorpios. Yo no es que crea en el horóscopo pero es una forma de predicción del futuro como cualquier otra. En la predicción católica te dicen que te portes bien y así irás al cielo. ¿No es difícil creerse eso? O la bolsa, con sus acciones que suben y bajan. O la ciencia que crea hipótesis que no son nada fácil de demostrar. El horóscopo dice que tendrás buen día. Si no lo tienes, falla tanto como la religión, la ciencia o la bolsa.

viernes, 15 de septiembre de 2017

En las guerras hay reductos de paz y deseos enormes de que acaben. También hay en las guerras gente pacifista que trabaja para que acaben. En la guerra se desea la paz. Cuando hay desórdenes en un país, los dictadores afilan los dientes viendo una oportunidad de actuar. En las dictaduras, hay reductos de libertad y gente que lucha para que la dictadura caiga. En la paz parece que también hay un camino que se abre paso a la guerra por falta de entendimiento o deseos encontrados. Si el país es débil, ese camino de guerra llevará a ella. Si el país está consolidado, actuará el Estado y despejará esas ideas de ruptura o de deseos erróneos. En el género humano, si se está en un estado, se desea otro.
Quiero decir con esto que los países y los seres humanos estamos siempre en lucha contra nosotros mismos, deseando lo que no tenemos. Cataluña quiere ser una nación, aspiración sana si no perteneciera a España. ¿Habrá naciones que quieran ser provincias de otra nación? No sé si se habrá dado el caso. Argelia me parece que pudo ser provincia francesa. En fin, ya digo: soy esto pero pretendo ser aquello otro: el pan nuestro de cada día.