sábado, 7 de septiembre de 2024

 Para que esto marche, no hay otra manera que escribir y escribir. Estos días son muy raros: hace sol pero hace frío a la sombra y casi también si te expones al astro rey. Yo estoy un poco desconcertado anímicamente y me siento depre. Descuido mi persona un poco como reacción a este tipo de estados de la atmósfera. Estoy desubicado y hay rachas de mi existencia en las que yo no me siento en las coordenadas del tiempo y del espacio, me siento como en un sueño o como si no fuera real mi vida. Son rachas, no se hacen extensibles a todo el día, pero me siento mal. Hago las cosas como un robot, sin disfrutar de ellas. Me levanto y no encuentro sentido a la mañana.

Una suma de horas abrumadora cae sobre mí.

Dolor de ser, dolor de sentir.

viernes, 6 de septiembre de 2024

 Hay gente que vive en silencio, como dice Eugenio de sí mismo. Me refiero a Eugenio el de los chistes. Y hay gente que habla y habla sin parar. Tan malo es lo uno como lo otro, aunque prefiero el silencio de las personas. No un silencio que oculte cosas de esa persona silente, que es muy malo, sino un silencio que ya lo dice todo por el conocimiento que tiene una persona de otra y su circunstancia. Yo no encuentro a nadie con quien hablar de mis libros, quizás así se me desatara la lengua pero tampoco me gustaría encontrarme con una persona que me aburriera con su charla sobre alquileres de pisos y de plazas de garaje. El silencio de las personas es deseable y cuando hablaran, lo hicieran certeramente, descubriendo un mundo con sus palabras. Pero no suele ser así, sino que la charla de algunos es más pesada que una rueda de molino porque no interesa a nadie todo lo que dice. Y hay también el que calla y no dice nada, que es también muy incómodo el estar a su lado.

El silencio en las personas está bien, pues así no dan lugar a las mentiras.

Pero el silencio soberbio tampoco está bien.

En un pueblo un tanto alejado del mío, me hallé en un bar, creo que el único que estaba abierto. Eran las cinco de la tarde y los empleados en ese bar estaban comiendo. Vi que no comieron gran cosa, fue como un trámite para largarse a casa a descansar. Había un joven que estuvo muy dicharachero en la comida, hablaba de lo que le sentaba bien y le sentaba mal de las comidas. Me parece que era el cocinero del bar. Tanta expansión del ánimo de aquel chico me extrañó. Mientras todos estaban aplicados a comer y rápido, este chico seguía hablando y hablando. Estaba casi exultante. Pero no trataba él de cosas imponentes; si no, como ya digo, de alimentos que le sentaban bien o mal. Decía algo así como que una pizza que se comió después de la siesta le sentó mal. Luego saludó a dos jóvenes robustos. Siendo él pequeño, tenía más presencia por el hecho de seguir charla que te charla. Mientras los otros empleados se preparaban para marcharse, el chico parlante, seguía y seguía. Ya no presencié ya más la escena porque tenía que irme pero me causó sensación ese chico que era como yo cuando era joven. Yo tenía mucha alegría y ganas de charlar cuando joven pero he ido perdiendo ambas, a menos que encuentre alguien con quien hablar adecuadamente sobre mi libro. En fin, una escena más de la vida.

Si hablas, que sea para bien, para crear un ambiente sosegado

y entonces, no dirás mucho.

 Yo podría escribir en este blog un texto surrealista que nadie entendiera porque lo surrealista viene de los sueños, del inconsciente, de algo muy subjetivo. Pero no lo voy a hacer. Solo sé que lo que escribo, se lee, porque el contador de visitas así lo atestigua. No sé si alguien espera que yo cometa un error o desvele de mi vida algún desliz. No sé si los que me leen están esperando que yo cuente una debilidad tan grande que hubiera que actuar de algún modo. El caso es que este blog me sirve para palpar mis sentimientos, hacer públicas mis ideas, si eso tiene algún interés. Mi vida es aburridísima, mi vida no concita el interés más básico, mi vida es siempre lo mismo. ¿Por qué entonces se lee mi blog? Quizás la vida no vaya pareja con lo que se piensa de ella o lo que esa vida evoca en el que la vive. Una cosa es vivir y otra, escribir. A lo mejor hay en la vida escritores cuya vida da pena y sus escritos sean brillantes, bonitos, interesantes. En fin. Ya he hecho una explicación de lo que es escribir y lo que es vivir. No sé qué será mejor. O quizás escribir se engloba en la vida que todo lo acoge.

Escribes sobre los árboles, las flores y uno que se va a la playa.

Y no eres los árboles, las flores ni uno que se va a la playa.




jueves, 5 de septiembre de 2024

Toda la mañana pensando en que tenía que hacer una ensalada de judías. Hasta que me he puesto y  la he hecho. No veía la hora. La idea de cocinar, a veces, me apabulla, pienso que va a salir mal lo cocinado o me represento en la cabeza los pasos a dar y me vuelvo un poco loco. Es como cuando tenía que dar una clase difícil. La imaginaba en la cabeza y veía los rostros de los niños y me ponía malo. Luego como y veo el resultado y me encuentro ya mejor. Suena la canción voy cruzando el río. Lo he pasado mal. No hay mucho dinero. La vida se encarama a veces a una loma inalcanzable y otras, se arrastra como un gusanito indefenso. Annum terribilis est ut manducare non ha. 

Los niños juegan porque son niños.

Los mayores no jugamos porque no nos pasan la pelota.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

 Ya corre aire fresco. Viene por las ventanas abiertas y cansadas del verano. La ciudad va arrastrándose por las aceras tibias. Está el síndrome posvacacional haciendo de las suyas. Ya David se ha enfrentado a Goliat. Existe el trampolín de la ilusión evocando sonrisas en los niños, guerras en los jóvenes y atracones de realidad en todos los demás estratos de la población. No he metido en un calcetín la dorada arena de la playa. No he cruzado la mitad de la península, no he gastado en sardinas mis ahorros, no he colmado de salitre mis narices. En fin, la dureza de lo tangible, de la meramente existencia me golpea con fuerza este mes de septiembre. Agudo alfiler se me clava en el tobillo, dolor intacto crece en las uñas. Pronto el abrigo otra vez. Solo quedan 3 meses para acabar el año, otro año, otra carrera hasta el fondo.

Fotografías venerables señalan la gente de antes.

Somos casi iguales, menos mal.

 La política de un país es el modo de aplicar unas ideas a ese país sin pensar si son buenas o no. Por lo general, las políticas están mal pensadas porque son muy artificiales, ajenas a la realidad del ciudadano. Las agendas, las leyes que se aplican sobre la sociedad de ese país suelen estar equivocadas, cuajadas de un pensamiento político y no natural. La gente se dirige por lo obvio y la política se rige por un futuro, por unas ideas de un oligopolio de mandatarios que no saben más que crear problemas donde no los hay. Los ciudadanos saben de comer todos los días, del trabajo que desempeñan, de lo que les enseñan a sus hijos en el colegio, de lo que cuesta un coche, etc. Leyes que se han metido en la intimidad del ciudadano han creado malestar e incomprensión. Que si las mujeres, que si los niñes, que si el sí es sí. Todo eso ha confundido a los ciudadanos y no ha traído ningún bien por la terquedad que tienen los políticos de creer que lo que piensan es acertado solo porque lo piensan ellos. Se creen por encima de los ciudadanos y ese es su primer error. Los políticos, a mi modo de ver, deberían solucionar problemas y no intentar diseñar una sociedad a su gusto y conveniencia. Pero pasa con todos los políticos: que si federalismo, que si plurinacional, que si esto y lo otro. Limítese a arreglar problemas ya existentes y no haga de su país un modelo. ¿Modelo de qué? Modelo que crea problemas porque nunca se entiende.

Modelo federal porque a mí me conviene.

¿Y quién eres tú, payaso?