No me concentro en mis escritos. Un escritor debería serlo todo el año, pero el caso es que me meto en lo que he escrito hasta ahora y no soy capaz de continuarlo. Me puede la pereza de dar el toque final o rellenar dos o tres folios para darle la puntilla a historias que he preparado durante todo el año. Tengo unos siete escritos de unas 15 páginas cada uno. Son todos relatos, no llegan ni a novelitas pero no soy capaz de darle el final a esos relatos. Por otro lado he visto en internet que Feijoo puede armar un gobierno con los de Junts y los del PNV. Lo he oído de labios de Balbás, un tío al que me encanta oír porque dice las cosas con datos y argumentos en la mano, no dice ninguna tontería. A lo mejor Sánchez tiene que hacer las maletas y largarse de su querido palacio de la Moncloa.
lunes, 7 de agosto de 2023
Estoy neurótico hasta el punto de que me preocupa qué haremos Paco y yo por estas fechas al año que viene. Pero no es muy alarmante. Enseguida me centro y pienso en otras cosas. Hoy he ido a la biblioteca y yo creía que no iba a saber entretenerme con los libros. No ha sido así, sino que me lo he pasado bien leyendo el principio de algunos y haciendo algunas anotaciones y leyéndome los diarios. El sábado pasado me dio la ansiedad temida pero al día siguiente ya se me había pasado. Pero tengo que anotar que, al venir de El Escorial, Paco me echó todo el momio. Y el momio era acusar a mi exnovia y a mí, de paso, de todo lo que se le iba ocurriendo. Me echó un rollo macabeo que me produjo un hartazgo grande.
La primavera vuelve la luz amena,
la llena de colores y de cosa buena.
Formaban una pareja ideal porque parecían salir de un teatrillo en el que se había escenificado un drama y los aplausos les habían alimentado ese egocentrismo malsano del que hacían gala. Iban los dos estudiando la manera de cometer el delito perfecto, la trama de un golpe siniestro hacia alguna persona conocida, preferiblemente de los de la familia más directa. Y de esa manera eran felices asqueando la vida de los que les rodeaban y, por supuesto, la vida propia. El sentimiento que más les representaba era un asco furibundo que les arrebataba y les paralizaba a la vez. Ella usaba un lenguaje aprendido de unas cuantas novelitas al uso y el hablar de personajes televisivos incongruente y zafio, con unas maletillas del tipo: " no comprendo el porqué, me parece muy violento... etc. Él, un modo de expresarse bronco, levantando la voz y acrecentando su brutalidad inusitada a medida que continuaba la conversación. Y esta era su obra dramática: montar el número. Y el destino, consecuente a veces, quizás les monte un número a ellos algún día, para que aplaudan ellos dos.
Eran una familia de gente bien, en un buen barrio de Madrid. La familia la componían cuatro hermanos, sus padres perdieron la vida en un accidente de tráfico. Los dos hermanos mayores estaban trabajando en lo que habían estudiado, economía e informática. Los hermanos menores seguían estudiando y el futuro para ellos era muy prometedor hasta que para uno de ellos se torció. Y el caso es que se encontró a una chica de la que se enamoró perdidamente, como lo novelan los escritores cutres. La chica era muy lista y se aprovechó del inocente enamorado. La cosa es que el chaval perdió el norte y hasta las zapatillas. Sus hermanos le increpaban para que dejara esa compañía que le estaba convirtiendo en un dominguillo. Él no hacía caso y así le fue. La chica se quedó con la mitad del piso que le habían comprado sus padres y el chico a pagar una hipoteca por tonto. Dicen los vecinos que la chica le llama de lejos y él se acerca a ella como embobado recibiendo por saludo un " aléjate de aquí estúpido" que le deja corrido y disgustado para todo el día.
Miente y engaña que en el mundo todo es magaña. Que fácil es engañar; lo que cuesta soportar la verdad. Por dimes y diretes nadie dice la verdad porque resulta que todos queremos tener la razón, como si nos fuera la vida en ello, nuestra máscara hay que reforzarla a base de exageraciones falsas, contradicciones, excusas estúpidas y un montón de zorrerías. La verdad os hará libres, lo dijo Jesucristo, pero parece que estamos más atados a la perversidad del escondrijo de la calumnia y la falsedad, no queremos ser libres, queremos estar atados a las cadenas del vicio de ser testarudos cuando hablamos llevando siempre la batuta. Y así nos pasa, enfrentados, enfadados, cabreados y pisando la tierra con nuestro propio estiércol moral. Dios nos perdone, lo necesitamos, además de pedirle que nos vaya centrando un poco, poco a poco.
Doy vueltas a una cuestión. Yo he estado con unos amigos el invierno pasado y unos meses de este año. Los amigos eran: un enfermo mental que nunca conseguía trabajo pero mareaba mucho con esa cuestión de no encontrar trabajo. Le echaban de todos los sitios. Y además, este tipo se cogía muchas confianzas y era muy pesadito con el rollo católico que tenía en la cabeza. La otra amiga era informática peruana divorciada y trabajaba en una buena empresa. Nos hablaba mucho de Lima y de su padre y de su hermano que se quedaron en Lima, pero de ella no hablaba, ocultaba muchas cosas. Esta peruana vivía con este enfermo mental en alquiler. Luego estaba otro enfermo mental que no hacía más que pedir cigarros. Quería beneficiarse a la peruana. Estos dos enfermos mentales son enfermos mentales de pacotilla: no sufren ansiedad ni depresión ni nada. Viven la noche los dos y se lo pasan pipa. Yo no sé qué enfermedad mental tienen pero no la sufren. Si aceptabas a uno tenías que aceptar a los tres, pues iban mucho juntos. El caso es que Paco bloqueó sus móviles. Yo también. Pero luego, los desbloqueé. Pero cuando llamaban, no les cogía el teléfono. A mí me llamaba el enfermo mental para contarme sus penas laborales. Este enfermo mental tenía muchos amigos y su teléfono no paraba de sonar. Cuando estabas con él, te podía ignorar por atender una o varias llamadas. Me harté de este trío de pedigüeños y raritas como la peruana. Los rechacé dos veces y no volvieron a llamar. Apenas los he visto ya en todo el verano. Otra cosa que me preocupa: si Majadahonda es rica y culta, ¿dónde están los cultos, los formados de la ciudad? No los veo por ninguna parte. No me encuentro más que tontos por la ciudad.
Miró por la ventana
No vio gente, solo loros que hacían cosas de loros.
Me preocupa el estado de ignorancia de la gente. Generalmente, los jóvenes deberían saber más cosas que los ancianos pues la educación de los jóvenes es reglada, esto es, ajustada a unos programas y unos libros homologados y unos profesores que les ayudan en su formación. Pero no veo tal cosa sino que los jóvenes tienen también la cara gárrula de los mayores. Pocos que tengan 80 años han ido a la escuela. Ahora que hay oportunidad de estar estudiando hasta los 18, tampoco aprovechan la ocasión para formarse. A los pocos jóvenes que me he dirigido dicen que el estudio de la lengua y la literatura es muy desagradable, que no les gusta. No estudian los jóvenes más que carreras de economía, de derecho, de psicología. ¿Dónde quedan las humanidades que yo estudié que te componen un mapa del mundo desde la historia del mismo hasta la comprensión del mundo actual? Veo a los jóvenes (y no es un tópico) ocupados en llevar bolsas bien llenas de licores, los veo vistiendo las camisetas de sus héroes deportivos, a ellas las veo muy descocadas y tontilocas, sin preservar ni un poco de dignidad en sus prendas que parecen colgajos. En fin. Veo que no hay avances en la educación pues si los hubiera, estos jóvenes no darían el sórdido espectáculo que dan. En Majadahonda hay urbanizaciones impresionantes de las que salen chicos y chicas bien formados, de las opciones académicas que sean, pero no dan ese espectáculo feo al lado del Dia todos los fines de semana. Será una cuestión económica o de estética pero los chavales que se emborrachan por las calles quizás sean de una extracción social más baja que estos que viven la armonía económica y familiar de una lujosa urbanización. Me preocupa la ignorancia de la gente porque ya no sabe quién fue Séneca ni Cicerón. Ya no sabe qué obra escribió Góngora. Pero esos chavales ricos de las urbanizaciones ricas sí creo que cuentan con una buena biblioteca en casa, virtual o física y pueden leer. En otras casas más modestas siempre habrá fútbol y no los clásicos. Es el sino del los tiempos: todos quieren ser como Ronaldo menos los chavales ricos que sí se saben granjear un futuro halagüeño porque han sido asesorados por sus padres. La cultura siempre ha ido unida a la riqueza a no ser algunos casos excepcionales de chicos que han sabido ver que la verdad los hará libres y la estupidez hará esclavos a los demás. Que la riqueza va unida a la cultura no me cabe duda. En Majadahonda, los padres de profesiones liberales boyantes crían hijos útiles a sí mismos y quizás a la sociedad. En otros ambientes hay eso: emulación de los ricos e ignorancia. Los hijos igualan a los padres en pobreza interpretativa del mundo.
Leyó el libro. No entendía. Era un analfabeto del siglo XXI.
Eso es lo que hay.