jueves, 31 de diciembre de 2015

Ahora que todo es alegría, paz y amor, recogimiento y felicidad, me voy a ir a una cueva de las más profundas que haya para no oír esos cantos de sirena que nos dicen que la gente está muy contenta de que llega el nuevo año. Resulta que ha habido unas elecciones tras las cuales los políticos inventan naciones por todas partes, no se ponen de acuerdo y a lo mejor nos hacen votar otra vez. Resulta que estos años de recortes y de reformas no han dado el resultado apetecido aunque la prima de riesgo ha bajado. Resulta que hay una autonomía que quiere ser nación por todo el morro. Resulta que los españoles no tienen dinero que gastar. Resulta que si lo que hemos padecido es malo, lo nuevo se parece a la república venezolana. Resulta que he descubierto que a mi novia le falta un tornillo. Resulta que mis novelas no son valoradas debidamente por las editoriales a las que las mando. Resulta que el año que viene, más de lo mismo o peor. Entonces, ¿a santo de qué tanta alegría, tanto champán, tanta fiesta desmedrada? El año nuevo que viene viene con la misma mierda y más incógnita que este. La segunda transición la llaman.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Hay algo que me repatea en las personas, que me revuelve las tripas de un modo muy serio hasta llenármelas de un líquido repelente y oloroso que deseo expulsar pronto: es el puto egoísmo. Hay personas que se mueven para, por, desde y hacia su interés. Hay personas que solo conocen una palabra y todo lo miden desde esa palabra que es YO. Tú, por ejemplo, les cuentas a esas personas que has estado viendo el fútbol y ellos dicen: yo... y todo lo demás. Y siguen con el yo en la boca y no lo sueltan. No sé si son autistas o qué rollos modernos que hay ahora. Yo les llamo egoístas. No dan ni la hora porque se junta su egoísmo con una racanería propia de otras épocas. No tienen ni un minuto para nadie, ni para su madre ni para su abuelo si no es para pedir algo, para el interés. Suelen estar contigo porque les conviene. Si no, no tienen el menor reparo en abandonarte cuando te han extraído el jugo. El dinero, por supuesto, como excusa para cualquier relación. Comer contigo, si no les invitas, para ellos es una atrocidad y una pérdida de tiempo. Son los que se mueven ahora por campo y ciudad. Son los que no dan, solo piden. Son los que no tienen tiempo, son los que triunfan hoy en día porque la sociedad está montada para ellos. Son los nuevos ciudadanos que, guiados por su codicia y su egoísmo harán de este mundo algo apestoso y triste de vivir. No esperes de ellos ni el movimiento de un dedo.
Las relaciones humanas son muy complejas porque complejo es el ser humano. Es muy difícil encontrar una persona equilibrada que encuentre a otra persona equilibrada y su vida sea tranquila, pacífica, serena. Una persona está compuesta de un complejo neuronal extraordinario. También tiene un corazón que late y un alma que siente. Además, estamos condicionados por nuestro sexo, clase social, prejuicios que podamos haber adquirido en nuestra educación, nuestra educación misma, la huella que dejan en nosotros nuestros padres, la política que mamamos, la ideología y un sinfín de patrones que nos hacen de una manera o de otra. Por eso es tan difícil que dos personas se entiendan por mucho tiempo. Siempre habrá una chispa que a uno gusta y a otro no y ya hay que estar poniendo paños calientes o comportarse políticamente tan correcto que no sabes muy bien si lo que dices lo estás diciendo tú o lo has leído en un libro de autoayuda. Es el miedo al otro. El otro, sea tu mujer o tu hijo, produce miedo porque es una persona incomprensible muchas veces que no sabes cómo piensa ni cómo siente. Dice un cónyuge de otro: llevo toda la vida con él y no le conozco. Es eso. Lo complicado que es el cerebro y el corazón y el alma de los demás. Y la tuya.

martes, 29 de diciembre de 2015

Un pensamiento hay muy constante en mí: se trata de si hago algo por los demás, por los que están necesitados o no lo hago. Con dar 10 euros al mes a ACNUR no lo hago todo. Pero luego hay en mí una resistencia a eso que llaman voluntariado. ¿Acaso no soy yo un enfermo mental y no han hecho mucho por mí ni por los demás enfermos mentales que conozco? Los psiquiatras me han atendido más o menos menos bien pero, ¿la sociedad? ¿Ha movido alguien un dedo por mi enfermedad y los que estamos enfermos? Esa es la resistencia que no me mueve a ser voluntario ni nada. La soledad y el abandono en que están los enfermos mentales atacados por la esquizofrenia y el trastorno bipolar y otras dolencias mentales es grande. Además somos rechazados en cuanto se sabe la enfermedad que padecemos. Yo no aparento enfermedad alguna. Me muevo bastante bien en mi entorno. He trabajado, he ganado mi dinero, vivo bien. Pero, ¿otros enfermos? Viven mal, señalados y abandonados, con el estigma de la enfermedad en la frente. Así que no haré nada. Podría luchar para que la enfermedad sea visible, para que la gente no piense que matamos a nadie ni vamos dando la nota por ahí. Solo que tenemos muchas limitaciones. Nuestra enfermedad nos limita: estamos tristes sin saber por qué, nos dan manías, nos dan nervios, etc que no controlamos pero no matamos a nadie. Si un enfermo mental mata es porque no está controlado médicamente o abusa de las drogas, con lo que su enfermedad se agrava pero hoy hay una red de atención mejor que hace años. Lo bueno para un enfermo mental es un trabajo, una rutina, una estabilidad que a veces no alcanza y se desestabiliza por ello. Bueno, por eso no ayudo porque pienso que me tendrían que haber ayudado a mí  y ami familia en nuestros peores momentos. Hoy estoy bien. Ya ayudaré cuando lo vea necesario.

lunes, 28 de diciembre de 2015

A mí lo que no me gustaría en la nueva etapa política es volver a la crispación. Ya hubo en época de ZP y de Rajoy. ZP dijo en la radio que necesitaba tensión. Por favor, el que necesite tensión, que se meta un cable de dos mil voltios por el culo y nos deje en paz. Tampoco quiero que vuelva el republicanismo, la guerra civil ni los abuelos de nadie. No quiero que vuelvan los rojos ni los fachas, ni el dineral derrochado por la memoria histórica ni pacifismos estúpidos. Tampoco quiero que vuelva eso que llamaban buenismo y que se traducía en ministros bobalicones. No quiero que haya una autonomía que diga que es una nación y quiera serlo. No quiero ministras inútiles de las miembras ni Leires Pajines. No quiero que mi gobierno haga el ridículo en el exterior más de lo debido. No quiero más 15 M ni movidas que ocupen espacio público de todos. No quiero planes E. No quiero que nos digan que no hay crisis habiéndola. No quiero que nos mientan con el déficit. No quiero cejas ni titiriteros vendidos al poder. No quiero maquiavelos de pacotilla. No quiero papanatas en el poder. No quiero de la Vega mintiendo como bellaca. No quiero derroches de lo público. No quiero aeropuertos al lado de aeropuertos. No quiero corrupción. No quiero ministerio de la vivienda ni path finders. No quiero sonrisitas estúpidas. No quiero especulación ni guerras. No quiero bombas en trenes. No quiero mayorías absolutas. En fin, no quiero todo lo que viene de aquí en adelante.

domingo, 27 de diciembre de 2015

En mi fuero interno, hoy y los días anteriores a hoy, me preguntaba qué era eso de la Navidad, por qué yo no la veía por ningún lado por más que hago por mirar signos de ella. Oía villancicos, el telediario hablaba de Papás Noeles y Reyes Magos y regalos y cuentos para niños y actuaciones especiales y qué se yo. Pero yo veía a la gente, que es donde para mi pensar debe residir la Navidad, y en la gente yo no veía nada que no viera este verano. Encima, teníamos una temperatura de 15 grados todos los días, no había nieve ni frío por ningún lado. Yo creo que se agotan los temas y el de la Navidad está agotándose porque si no, yo no me explico ese pasotismo por la Navidad que viene cundiendo estas Navidades de hace tres o cuatro años. Será la crisis, será la desgana de creer un año tras otro en la misma cosa, no lo sé, pero lo que observo es que la gente ni tiene el espíritu de la Navidad ni tiene nada. Son unas fiestas como otras, como puede ser Santiago Apóstol o el día del obrero, en las que la gente se dedica a descansar únicamente.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Después de la comida de Navidad me encontré un poco triste porque me sentía encerrado en una ciudad sin alicientes: la Gran Vía, los amigos, los paseos para un lado y otro, mis novelas que me cansan... Pensar en estas cosas me deprimía por lo trillado que tenía todo ya. Yo me veía pasado de moda, viejo, cansado, aburrido, sin ningún lugar o actividad que me motivara. Todo lo que se me ocurría me saturaba y me hastiaba. Entonces fui con mi hermano a ver "La guerra de las Galaxias" episodio VII. Y me aburrí también. Pero me aburrí pasando dos horas viendo cosas extrañas y fantásticas que cautivaron mi atención por unos momentos. La ficción me facilitó que yo no pensara en mí mismo ni en la pena que me daba yo mismo y me quedé colgado de aquellos personajes que luchan por un ideal. Los malos, los buenos, las estrategias, el lado oscuro... En fin, vi que la ficción transporta a otros modos de sentir en cuanto te metes en ella. Ojalá mis novelas consiguieran hacer esto que hizo la película conmigo y conseguir un trueque emocional de la tristeza a la abstracción de sí mismos a mis posibles lectores.